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PANTALLA CHICA 
La televisión que llega como el agua de la llave a las diferentes ciudades y comunidades, la televisión abierta, no debe contener ningún elemento tóxico para la salud mental y social.
Por Mayela Fernández de Vera La calidad en la televisión no puede ser un elemento abstracto, subjetivo o definirse tomando como referencia estándares económicos basados en las normas o parámetros de las televisoras, porque éstas pueden argumentar que algún programa vulgar tiene la de mejor calidad en cuanto a vestuario, que el programa de escándalo tiene una excelente calidad por el cuidado que se tiene en cuanto a la escenografía; pueden aseverar que tal o cual programa es de calidad «porque la gente lo ve mucho», porque tiene un elevado rating en otros países o en el nuestro. La calidad que pedimos la mayoría de los televidentes, principalmente los padres de familia, tiene necesariamente un vínculo y una identificación con la moralidad, con el material sano y no con una mediocre intención de « bajar» el contenido de violencia, vulgaridad y pornografía. Nos interesa que este material sea erradicado de la televisión abierta. Si existe población interesada en comprar basura televisiva, que la busque y la compre, pero la mayoría de la población no tiene por qué verse contaminada con programas que agradan a algunos sectores por morbo o falta de educación. La televisión que llega como el agua de la llave a las diferentes ciudades y comunidades, la televisión abierta, no debe contener ningún elemento tóxico para la salud mental y social; por el contrario, puede contener elementos que promuevan el respeto a la persona, a la dignidad de cada uno, al interés por el bien común. Esto sí es calidad, y de esta forma el compromiso de las televisoras y la asociación A Favor de lo Mejor que se acaba de firmar recientemente sí puede constituir un paso concreto y efectivo para mejorar las televisión mexicana. Necesitamos una televisión que tenga la libertad de hacer el bien que le es posible, un bien para la sociedad a quien debe servir y de la cual depende. Queremos una televisión de calidad que de ninguna forma se contraponga a la formación de hombres y mujeres con buenos principios morales para bien de sí mismos y el de la sociedad, y que no diluya o debilite la acción educadora de los padres de familia y la Secretaría de Educación. Necesitamos una televisión que no fomente la criminalidad que combate Seguridad Pública. No necesitamos más policías, sino más niños verdaderamente educados como personas, que se amen y se respeten a si mismos y a sus compañeros. No es posible que mientras en la escuela y en casa se le hable a un niño sobre el amor y la tolerancia, la televisión le enseñe a ser violento, a gustar del sufrimiento humano. La televisión no debe propiciar la destrucción del aprendizaje de valores humanos que la escuela y los padres inculcan a los niños. La tarea de nosotros, los consumidores, es dejar de comprar los productos que anuncien programas dañinos para la sociedad y hacerles saber nuestra inconformidad a los empresarios y a las televisoras. Podemos apoyar la calidad en la televisión, incrementando el consumo de los productos de empresas responsables y comprometidas con México, aquellas que patrocinan programas de sano esparcimiento y de información objetiva y veraz, empresas que son responsables y solidarias, no sólo en el momento de lucidas campañas de beneficencia. Es cuestión de dinero… si no es —como debería ser— por un espíritu de compromiso de las televisoras con su país, por cuestiones financieras ( pesos o dólares) les haremos producir la calidad que sí queremos. |