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RESUELVE TUS DUDAS 
...un día platicando con ella, así sin ningún respeto por nuestras creencias (de mi esposo y mías) nos habló horrores de la Virgen Maria...
Pregunta: Quisiera saber a ciencia cierta qué contestar. Tenemos una amiga que es «cristiana» —así dicen, como si los católicos no fuéramos cristianos—. Bueno, el asunto es éste: un día platicando con ella, así sin ningún respeto por nuestras creencias (de mi esposo y mías) nos habló horrores de la Virgen Maria: que es creación del demonio para alejarnos a los católicos de Dios, y que dónde viene en la Biblia que es intercesora de nosotros, y que casi, casi nos íbamos a condenar por creer en Ella. Por supuesto, yo salté, me dio coraje, y le hablé de mi caminar con María, a quien considero mi verdadera Madre; pero estaba en un plan tan feo y ofensivo... Lourdes Respuesta: Estimada Lourdes: Primero que nada la felicito por su celo evangélico —es decir, su indignación ante la ofensa a Dios y la mentira— y su caminar con María. También le quiero advertir que entre los hermanos separados hay de todo; lo cual, por supuesto, incluye gente muy agresiva y muy necia. Yo creo que lo mejor que pudo hacer es sencillamente eso: dar testimonio de su propia experiencia y convicción; si une eso a un buen testimonio de vida, habrá dado un mensaje que tiene que entender hasta el más burro. Todo nuestro amor y devoción a María proviene de nuestro amor y devoción a Cristo. Ninguna parte del culto mariano, en ningún momento, opacan la gloria o la misión de Cristo, sino que las enaltecen. Decimos que María es Madre de Dios porque creemos que Cristo es Dios. Decimos que es Siempre Virgen porque lo anuncia el profeta Isaías como señal del Mesías, y porque entendemos que Cristo, como iniciador de una nueva creación, no podía ser completamente hijo de hombre sino nacido de mujer pero Hijo del Padre. Decimos que fue llevada al Cielo en cuerpo y alma porque la muerte es el fruto del pecado, y María nunca cometió pecado, y porque su entrega a Cristo durante toda su vida no podía quedarse sin recompensa de parte de Cristo. Decimos que es Concebida sin Mancha porque es obvio que Dios quisiera para su Hijo una morada digna en el sentido espiritual, y porque creemos en la fuerza redentora de Cristo, que la quiso preservar de pecado en forma anticipada. En el libro del Éxodo nos encontramos con cuatro capítulos dedicados a la preparación del Santuario para albergar el Arca de la Alianza y un capítulo dedicado a la ceremonia de colocación del Arca en el Santuario, todo por orden de Yahvé. Si Dios quiso que la morada del Arca fuera lo más excelsa posible, ¿cómo no iba a disponer que la morada de su Unigénito, hecha por Él, fuera una criatura pura? «Entonces los artífices más expertos de entre los que ejecutaban el trabajo hicieron la Morada» (Éxodo 36, 8). Por eso el ángel, cuando entra en su presencia, la saluda diciendo: «Alégrate, llena de Gracia»; es decir «llena de Dios». Y tenemos una importante similitud: Cuando finalmente Moisés coloca el Arca en el Santuario —dice la Escritura— «la nube cubrió entonces la Tienda del Encuentro y la gloria de Yahveh llenó la Morada. Moisés no podía entrar en la Tienda del Encuentro, pues la nube moraba sobre ella y la gloria de Yahveh llenaba la Morada» (Exodo 40, 34-35). Asimismo, cuando el ángel anuncia a María la colocación de Cristo en su vientre, le explica: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra». Así, pues, tenemos argumentos doctrinales, lógicos y bíblicos para asegurar que la Santísima Virgen María no era una mujer cualquiera, ni mucho menos una obra del demonio, sino la obra más perfecta de la creación de Dios. Por otro lado, tenemos el ejemplo de Jesús. Él es por antonomasia el más cabal cumplidor de la voluntad de Dios, el hombre más capaz de dar amor que ha existido. Si el primer mandamiento de Dios respecto al prójimo es «Honrarás a tu padre y a tu madre», podemos imaginar que el grado de amor que Jesús profesa a su Madre debe ser inmenso. Un caudal de agradecimiento, de cariño, de delicadeza, de solicitud... Si los hombres malos amamos a nuestras madres defectuosas, ¿qué sentirá Jesús por María? ¿Y qué sentirá cuando los enemigos de la Iglesia la atacan, la insultan, la deprecian, la ignoran, la llaman «cosa del demonio»...? Acerca de nuestra oración dirigida a María para pedir su intercesión, es una cuestión perfectamente lógica y fundamentada en la Biblia. En toda la historia de la salvación encontramos casos de seres humanos intercediendo por otros seres humanos. Obviamente mientras mayor es la santidad del que intercede, mayor es el impacto de la intercesión. Por eso san Juan, el evangelista que más profundizó en el misterio de Jesús, antes que cualquier otro suceso de su vida, nos presenta el pasaje de las bodas de Caná, que es una declaración oficial, por parte de san Juan, del poder y la importancia de la intercesión de María ante su Hijo Jesús en nuestro camino de salvación. Finalmente, tenemos un fenómeno muy elocuente: todos los grandes santos han sido grandes devotos de la Virgen. Walter Turnbull |