|
NIÑOS 
Dado que la mejor forma de desplazarse es por el agua, su «palacio episcopal» es flotante, una motonave, que tiene por nombre Granada. Es un barquito de unos diez metros de eslora.
Recuerdo que me contaron que el obispo de Requena, en la selva amazónica del Perú, es un franciscano español, nacido en un pueblecillo de la provincia de Burgos llamado Villaldemiro. Su diócesis no es como las demás, porque el 95% de la gente que la habita lo hace en las orillas de grandes y pequeños ríos, todos ellos muy caudalosos, porque son afluentes del Amazonas. Los nombres de estos ríos tienen los sonidos de selva: Ucayali, Tapiche, Blanco, Pulnahua, Maquía, Fuanache, Cushabatay, Pisqui. Para estar al lado de su gente, este obispo pensó que la mejor manera sería tener una casa que se moviera. Dado que la mejor forma de desplazarse es por el agua, su «palacio episcopal» es flotante, una motonave, que tiene por nombre Granada. Es un barquito de unos diez metros de eslora. En él, que apenas tiene tres habitaciones, recorre los ríos de su diócesis para visitar las muchas comunidades esparcidas por las orillas de los ríos. Así, subiendo y bajando ríos, llega a celebrar varios miles de bautismos al año, y cientos de matrimonios de parejas que esperan al barco del señor obispo para casarse. Y así los misioneros de su diócesis, nueve sacerdotes y 23 religiosas, tienen cerca a su obispo que cada dos años como mínimo pasa por todas las aldeas y pueblitos. El obispo dice que sus misioneros se multiplican trabajando y parece que son más, como él, que gracias a su barco, parece estar en todas partes. Fuente: Revista Gesto |