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Escrito por Juan Carlos Moreno Romo
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Domingo 20 de Abril 2008 |
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AL MARGEN… 
Mi sobrinita se quedó atónita el otro día, por ejemplo, cuando le dije que tuviera cuidado con el History Channel, que ella estaba sintonizando con la convicción de quien deja de lado la mera diversión y se porta muy muy bien.
Por Juan Carlos Moreno Romo
Cristianos o judeocristianos en algunas de sus concepciones antropológicas o axiológicas fundamentales, como las que resumen los tan traídos y llevados derechos humanos, los medios de comunicación masiva occidentales son al mismo tiempo, en muchos aspectos, muy anticristianos, y sobre todo anticatólicos, y esto no parece que lo estemos advirtiendo nosotros, ni enfrentando con la debida suficiencia.
Mi sobrinita se quedó atónita el otro día, por ejemplo, cuando le dije que tuviera cuidado con el History Channel, que ella estaba sintonizando con la convicción de quien deja de lado la mera diversión y se porta muy muy bien. Se nos olvida eso que tanto repetimos sin detenernos a escucharlo, o a sacarle las conclusiones debidas: que «la historia la escriben los vencedores», y que, desde luego, la escriben desde su muy peculiar punto de vista.
Todas las veces que ese canal de televisión —lo mismo que los libros de texto mismos, y tantos otros medios—, todas las veces que un punto de vista meramente humano y relativo se constituye en juez de la Historia Sagrada (y también la de la Iglesia es en este sentido Historia Sagrada, y no sólo la que está contada en la Biblia), debemos por lo menos recordar que hay un punto de vista superior, que es el de Dios, o el de la fe en Dios, y que si en nuestros días hay ejércitos de investigadores y de profesores universitarios reinterpretando la historia de Israel, por ejemplo, a la luz de las excavaciones arqueológicas, o la historia de la Iglesia primitiva a la luz de los nuevos documentos aparecidos aquí o allá (el supuesto Evangelio de Judas, los rollos del Mar Muerto…), las más de las veces esas «luces superiores» que ellos aparentemente tienen, por ejemplo en relación a un filósofo medieval, bien examinadas las cosas resultan ser en verdad muy inferiores, pues a su abundacia de datos les falta lo principal, que es precisamente la «filosofía» o el «amor al conocimiento», por no hablar de la fe, que nos ayuda a ver las cosas, así sea como por espejo y en enigma, con los mismísimos ojos de Dios. |