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Escrito por Padre Umberto M. Marsich, s.x.   
Domingo 20 de Abril 2008

ESTUDIO
GUÍA PARA LA LECTURA DEL DOCUMENTO DE APARECIDA (16 de 18)

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...impulsar la pastoral familiar...

Por el Padre Umberto M. Marsich, s.x.

TERCERA PARTE: LA VIDA DE JESUCRISTO PARA NUESTROS PUEBLOS (ACTUAR).
«Parte pastoral» (Continúa)

Capítulo 9: Familia, personas y vida (Esquema 9)

A partir de aquí, el documento presenta algunas cuestiones pastorales que han adquirido particular importancia en los últimos tiempos y que se refieren a:

1. El matrimonio y la familia. Aparecida reconoce, en primer lugar, que la familia es uno de los tesoros más importantes de los pueblos latinoamericanos y caribeños y, en segundo lugar, reafirma la doctrina de la Iglesia acerca de la familia fundada en el sacramento del Matrimonio entre un varón y una mujer, signo del amor de Dios por la humanidad y de la entrega de Cristo por su esposa, la Iglesia (432-433). Por tratarse de un valor muy querido por los pueblos latinos se aconseja considerarlo como un eje más, transversal de toda área pastoral (435).

Aquellos que, debiendo tutelar y proteger la familia y la vida, no lo hacen, tanto a nivel social que legislativo, obviamente se encontrarían en situación de fuerte incoherencia eucarística y, desde luego, no deberían comulgar. A nadie le es lícito promover acciones contrarias a la vida (aborto y eutanasia) y a la familia. En caso de conflictos de valores y de leyes injustas, deberían recurrir a la legítima objeción de conciencia (436).

A este punto, Aparecida propone varias acciones que pueden impulsar la pastoral familiar. Entre ellas, se pide acompañar con cuidado, prudencia y amor compasivo a las parejas que viven en situación irregular (437j) y también a las niñas y adolescentes embarazadas, a las madres solteras y a los hogares incompletos (437m). Llama la atención el afán, manifestado en el documento, para pedir itinerarios pedagógicos de fe, que contribuyan a la formación y preparación de los matrimonios.

En este mismo contexto de la familia se dedica un espacio también a los niños/as proponiendo algunas orientaciones pastorales (438-441). A los adolescentes y jóvenes, a los ancianos, a menudo olvidados o descuidados, y a las mujeres, cuya dignidad hay que defender y cuya participación eclesial hay que promover, se ofrecen algunas reflexiones y orientaciones pastorales (447-458). También se quiso mencionar al varón y padre de familia, frecuentemente poco integrado a la Iglesia y objeto de incomprensiones. La atención pastoral, para con ellos, podría ayudarlos a no ceder a la violencia, infidelidad, abuso de poder, drogadicción, alcoholismo, machismo, corrupción y abandono del papel de padre (459-463).

2. El valor de la persona humana y de la vida. En primer lugar, se destaca la altísima dignidad de cada ser humano, prescindiendo del tamaño o del tiempo que tenga de vida, es decir, desde la concepción hasta su muerte natural (464). En el marco de la Bioética, cuya importancia viene destacada, habrá que desarrollar un sano y respetuoso diálogo entre fe y razón y entre fe y ciencias humanas (465-466). Las agresiones contra la vida son nuestros nuevos retos a enfrentar, con valentía y firmeza, y ser así voz de los sin voz (467). La cultura global dominante hoy es interpretada como cultura de muerte y, en este contexto, la Iglesia tendrá que tutelar la vida y los derechos humanos fundamentales (468). Dentro de las propuestas pastorales en defensa de la vida, Aparecida propone la creación, en las Conferencias Episcopales, de un comité de bioética y, a nivel formativo, la organización de cursos y talleres acerca de la bioética misma (470).

A continuación, se trata la problemática muy dramática del ambiente, que hay que respetar y proteger en vista, también, de la vida de las generaciones futuras, que tienen derecho a recibir un mundo habitable (470-472). Es el hábitat de los campesinos e indígenas el más devastado (473) y, por tanto, urgen acciones concretas en su defensa y pastorales de conjunto a favor, por ejemplo, de la Amazonia (475).

Pancarta
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