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Escrito por Walter Turnbull
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Domingo 13 de Abril 2008 |
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COLUMNA ABIERTA 
Siempre ha existido, pero recientemente se ha intensificado el interés por ese siniestro ser que con inusitadas habilidades y poderes pretende destruir el mundo.
Por Walter Turnbull
Siempre ha existido, pero recientemente se ha intensificado —fruto de la secularización y de la búsqueda de experiencias metafísicas— el interés por ese siniestro ser que con inusitadas habilidades y poderes pretende destruir el mundo. El mundo del espectáculo ha hecho su aportación. Recuerdo El Bebé de Rosemary y la saga de La Profecía, alguna serie en la que algún personaje (gringo, por supuesto) es encomendado a la ruda misión de impedir su obra destructiva; y hasta encontraremos programas en los que brujos o brujas buenos son los encargados de defender el mundo contra los demonios malos. San Pablo, en la segunda carta a los Tesalonicenses, ciertamente nos habla de la manifestación del «Hombre impío» antes de la Segunda Venida de Nuestro Señor». Sin duda resulta a la vez temible y fascinante la posible aparición de este personaje.
San Juan, por otro lado, nos habla de otro anticristo: uno que «ya está en el mundo» (aprox. año 100 d.C), «pues muchos falsos profetas han salido al mundo», «muchos anticristos han aparecido». Es «el que niega que Jesús es el Cristo, el que niega al Padre y al Hijo». Y añade: «Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha».
Puede ser que surja un ente especialmente maligno y poderoso, uno que venga a coronar la labor satánica desarrollada por tantos años; pero la realidad actual nos muestra más la versión de San Juan. Falsos profetas que no creen en Cristo y que han abarrotado nuestro medio. Hablamos —ya los mencionábamos antes— del mundo del espectáculo, del cine, de la música, de la televisión; de políticos que han perseguido y persiguen la religión a todo lo largo y ancho de la historia; de pseudo intelectuales y pseudo filósofos que en libros, revistas, periódicos y programas de opinión, o desde la rectoría de una universidad, consagran su vida a socavar la obra de Cristo y a negar su Evangelio. Esos que, como dice san Juan, «son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha». Así es. Todos ellos son o han sido hombres y mujeres ricos, exitosos y admirados. Los nombres no me caben en este espacio.
Tal vez todavía nos falte uno más nefasto, pero ciertamente no necesitamos manifestaciones portentosas: el Anticristo se pasea entre nosotros. |