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Aunque hoy se tiene miedo a hablar del demonio, sigue siendo deber de la Iglesia 
Hablar hoy de Satanás y del infierno supone, en general, para los sacerdotes y para los mismos teólogos, un tema espinoso.
Don José Antonio Sayés, profesor de la Facultad de Teología del Norte de España y autor del libro El demonio, ¿realidad o mito?, publicado por Ediciones San Pablo, concedió en 2001 al semanario católico Alfa y Omega (núm. 266) una entrevista que a continuación resumimos:
¿Por qué algunos afirman que no hay que creer en el demonio? ¿No es dogma de fe?
En primer lugar, hay que decir que sí es dogma de fe. Está definido en el concilio Lateranense IV, en el año 1215. El concilio define que el demonio no es un principio absoluto, sino una criatura limitada creada por Dios, que, por su mala voluntad, se rebeló contra Él.
Ahora bien, lo importante de una verdad de fe no es que sea dogma, porque un dogma no es más que una verdad que el Magisterio define, digamos, definitivamente, porque está siendo negada por una determinada ideología o teología. Lo importante de una verdad es que se encuentre en la Sagrada Escritura y en la Tradición, lo que llamamos una verdad de fe divina.
¿Es Satanás una persona o un mero símbolo del mal?
En el Nuevo Testamento se habla del demonio 511 veces. Eso quiere decir que es verdaderamente una realidad, porque de algo meramente simbólico no se estaría tan pendiente en la Escritura. Pero, sobre todo, si nos fijamos en las palabras del capítulo 8 del evangelio de San Juan, Cristo lo considera una persona; le llama Príncipe de este mundo, Padre de la mentira y Homicida desde el principio. Además, Jesucristo, cuando hace exorcismos, particularmente en el evangelio de san Marcos, lo trata como una persona: Sal de ahí, yo te lo digo, Satanás: sal de ahí.
¿Por qué la teología actual habla poco del demonio?
Ciertamente habla poco. Los sacerdotes, en efecto, muy poco. En primer lugar, por ignorancia. Y además hay miedo, una especie de complejo ante el mundo actual, pensando que si nosotros seguimos hablando del demonio, nos van a decir que ése es un lenguaje mítico, y nos van a rechazar. Sin embargo, el Magisterio actual ha hablado muchísimo del demonio: el concilio Vaticano II habla 18 veces del demonio. Pablo VI pronunció una frase en 1972, cuando se hizo esta pregunta, el día 29 de junio: ¿qué pasa en la Iglesia, que nos las prometíamos felices en el Vaticano II, y ahora estamos inmersos en una tremenda confusión? Esto es el humo de Satanás que ha entrado en la Iglesia, respondió. Todos los periódicos ridiculizaron la figura del Papa. Pablo VI, que era un hombre tímido, sufrió muchísimo. Pero después, ese mismo año, el 15 de noviembre, dio una catequesis sobre el demonio magnífica, que quizás sea la página más dramática, más profunda que se haya escrito nunca sobre el demonio, y que en la Iglesia la mayoría desconoce. Luego, el Catecismo de la Iglesia católica hace sobre el demonio una exposición muy amplia y muy profunda
¿No cree que ha habido una cierta relajación espiritual que hace que se predique poco sobre la lucha espiritual contra el mal?
Exacto. Pero no hay ninguna vida de un santo, absolutamente ninguna en que no haya habido una lucha personal contra el demonio. En la vida espiritual de una persona cristiana, aunque no tenga visiones del demonio, hay un combate espiritual contra el Maligno.
¿Cómo es posible que hoy se hable más del demonio fuera de la Iglesia que dentro de ella?
Sí, es curioso. Dijo el cardenal Ratzinger que fue el cristianismo el que quitó el miedo a los demonios, porque el cristianismo presenta la figura del demonio como una realidad, una persona, limitada, que tiene un poder limitado y que ha sido vencida por Cristo. El cristiano no tiene por qué tener miedo. Ahora bien, en la medida en que se pierde la fe en Cristo, vuelve el miedo a los demonios. Y en el mundo, hoy, hay una especie de miedo mezclado con morbo, con curiosidad. |