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Escrito por Adolfo Orozco Torres   
Domingo 02 de Septiembre 2007

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¿Cómo es que hay tantos científicos ateos y tantos conflictos entre ciencia y religión? La verdad es que no hay conflictos entre ciencia y religión sino entre científicos y religiosos.

Por Adolfo Orozco Torres

«Al principio Creo Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la haz del abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas. Dijo Dios: ‘Haya luz’, y hubo luz. Y vio Dios ser buena la luz, y la separó de las tinieblas» (Génesis 1 1-4).

Cuenta la historia que, cuando Albert Einstein oyó por primera vez, de boca del astrofísico Georges Lemaitre, la hipótesis del Big Bang para explicar la expansión del universo, se levantó entusiasmado aplaudiendo y expresó: «Es la más bella descripción que he oído sobre la creación del universo».

Es ésta una de las innumerables anécdotas en el campo de la investigación científica que nos muestra cómo cuando la ciencia o, mejor dicho, los científicos excursionan más allá de la simple observación o catalogación de hechos y del establecimiento de las relaciones causa-efecto, hacia la elaboración de modelos o construcciones teóricas que engloben conjuntos diversos de fenómenos, tarde o temprano se encuentran en la frontera entre la física y la metafísica

En este marco amplio surge casi invariablemente en la mente del científico una disyuntiva cuya respuesta está más allá del alcance del método científico y de las técnicas de observación de las ciencias naturales. El universo, entendido como el conjunto de toda la materia y la energía existentes y las relaciones de intercambio mutuas entre sus diversos componentes,  ¿ha existido siempre?, ¿surgió por sí  mismo?, o ¿empezó a existir (cualquier cosa que esto signifique) en algún momento dado del pasado?

La ciencia y la razón nos dicen que no puede haber existido siempre, desde un tiempo infinito en el pasado, pues se habría requerido un tiempo infinito para llegar al memento actual, y no existirá para siempre, pues la segunda ley de la termodinámica nos predice la «muerte térmica del universo», y si la ciencia nos enfrenta con la necesidad de un ser trascendente que creó el universo, ¿cómo es que hay tantos científicos ateos y tantos conflictos entre ciencia y religión? La verdad es que no hay conflictos entre ciencia y religión sino entre científicos y religiosos. Pero también hay muchos científicos creyentes para los cuales lo que hay es armonía entre ciencia y fe, o ciencia y religión. Uno de ellos fue Albert Einstein quien nos dijo que «la religión sin ciencia es ciega, pero la ciencia sin religión es coja». Otro es el doctor Francis Collins, director del Proyecto Genoma Humano, que en 2000 dio a conocer el primer «borrador» del ADN humano, para quién la ciencia es un camino para encontrar a Dios en la complejidad de la estructura molecular.

Entre la ciencia y Dios no puede haber enfrentamiento ¿Por qué? La ciencia es una actividad humana dedicada al conocimiento explicación y explotación de los recursos del universo en el que estamos, mal podría ser que estudiando la creación no encontráramos las huellas maravillosas del Creador. Parafraseando a Galileo en su carta a la Gran Duquesa Cristina: «La realidad del mundo se expresa dualmente en el libro de las escrituras y en el de la naturaleza y estos dos grandes libros no pueden contradecirse uno a otro, porque Dios es el autor de ambos».

Y, finalmente, en lo personal, al contemplar la programación inherente en la estructura del ADN, al ver como funcionan los intercambios de iones sodio y potasio entre las aurículas y los ventrículos del corazón y al contemplar la armonía y la belleza de las galaxias y los cúmulos estelares, me cuesta realmente un esfuerzo sobrehumano tratar de pensar que todo este orden y belleza, haya surgido sólo, espontáneamente, nada más por que sí, sin un Creador y Ordenador, y que la belleza hubiera estado ahí, sin que alguien, en algún momento dado de la historia del universo fuera a estar aquí para extasiarse en su contemplación.

¡Gracias, Señor, por tu creación y por la vida que nos diste!


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