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PANTALLA CHICA 
¿No sería mejor, aprovechar el tiempo que Dios nos da, para enseñarles a ser buenos?
Por Mayela Fernández de Vera
En la actualidad, existe en nuestra sociedad y en los medios de comunicación una tendencia a exaltar los aspectos negativos del hombre, su miseria, sus limitaciones y los extremos más terribles de su egoísmo, que llegan a ser vergonzosos y escalofriantes. Se maximiza el mal y, con ello, se fomenta y propaga, principalmente en los niños y en los jóvenes.
Si, en contraste, el bien se conoce desde la infancia, se genera una predisposición y una apertura al Espíritu Santo, que halla en estas almas tiernas, una tierra fértil para hacer germinar todos sus dones.
Es, por tanto, muy importante el acento en el bien, para amar todo aquello que es agradable al Señor.
Hay una vertiente moderna que promueve que los niños vean el mal como algo normal o necesario, «para que no se traumen». Se trata de abrirles los ojos a la fealdad y a la crudeza, permitiendo que vean en los noticieros de la televisión, en diferentes programas y películas, actos horripilantes para que sepan que el mal existe…
Muchos padres de familia católicos, que quieren buscar el bien para sus hijos, están de acuerdo en que se nutran del mal, en la televisión, en los videojuegos, en libros y revistas, en las conversaciones de adultos, para hacerlos fuertes, para que estén acostumbrados a él y no sufran tanto…¿No debería ser al contrario? ¿ No sería mejor, aprovechar el tiempo que Dios nos da, para enseñarles a ser buenos?
Es muy importante evidenciar todo el bien que existe en la humanidad, en los detalles sencillos de la vida, en la naturaleza, en la cotidianidad que nos habla —si nos permitimos el silencio— de Dios en tantas formas…Si un niño es nutrido en el amor, en la belleza, en los ideales nobles, en la oración, seguramente se encontrará tarde o temprano con los aspectos negativos y sórdidos del ser humano, con los horrores de la guerra, con la inseguridad, con la pobreza de tantos pueblos, con las manifestaciones más terribles del mal, pero tendrá la libertad de elegir el bien, porque en éste ha sido educado y formado.
¿De dónde sacará la luz en su semblante, para pedir a Dios por un mundo mejor? ¿De dónde sacará fuerzas para amar, trabajando como un buen cristiano? De la lectura del Evangelio, del ejemplo de sus padres. Vencerá al mal, haciendo el bien, como nos exhorta san Pablo, porque lo ha aprendido en la familia, porque ha vivido lo que ese bien significa para ella y para quienes la rodean.
Buscará el bien, porque sus ojos y su corazón ya fueron entrenados para gustar del bien. Vencerá al mal, porque sentirá la fuerza del Espíritu Santo en su corazón, la presencia de Dios Padre en la Creación y de Jesús en su Palabra y en su Cuerpo Sacramentado.
Un niño que ha aprendido a reflexionar sobre la bondad, la verdad y la belleza, podrá apreciarlas sin titubear, y no sólo eso, tendrá mayor tendencia al bien, creará belleza, será bondadoso y buscará la verdad.
¿Para qué dar tantos datos, cifras y descripciones del mal, si a donde queremos llegar es al Bien Supremo, que es Dios?
Si se siembran pensamientos sanos, se inculcan virtudes, se favorecen buenas actividades, estaremos propiciando que nuestros hijos sean el día de mañana hombres y mujeres que brillarán, serán antorchas en la noche del egoísmo, sal que dará sabor a la tierra, esa sal de amor que tanto necesita nuestro mundo y que nos pide Jesús que seamos. |