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GUÍA PARA LA LECTURA DEL DOCUMENTO DE APARECIDA (14 de 18) 
...el estudio que abra la inteligencia a la verdad...
Por el Padre Umberto M. Marsich, s.x. SEGUNDA PARTE: LA VIDA DE JESUCRISTO EN LOS DISCIPULOS MISIONEROS (JUZGAR-ILUMINAR) . Capítulo 6 (Continúa) B) Proceso de formación integral de los DM (Esquema 5). 1. En este proceso de formación se destacan cinco aspectos fundamentales, que son: a) El encuentro con Jesucristo, que se debe renovar por el testimonio personal y difundir con el anuncio del Kerigma y la acción misionera de la comunidad. b) La conversión. Es la respuesta inicial de quien ha escuchado al Señor y se decide ir tras de Él. c) El Discipulado. Es el estado de quien ha madurado y enriquecido su secuela del Señor, por medio de la catequesis y la vida sacramental. d) La comunión. La vida cristiana no puede darse si no es en alguna comunidad de pertenencia, o sea, en comunión con la Iglesia y con los hermanos. e) La misión. El discípulo que ha experimentado a Cristo siente la urgencia de darlo a conocer y se compromete a construir su Reino en la misión: «La misión es inseparable del discipulado» (278). El documento proporciona también unos criterios generales de este proceso formativo. Estos son: a) Una formación integral, kerigmática y permanente (279). b) Una formación atenta a: * La dimensión humana y comunitaria, para «Desarrollar personalidades que maduren en el contacto con la realidad y abiertas al misterio». * La dimensión espiritual: que arraigue a la persona en el camino de vida y de servicio a Cristo. * La dimensión intelectual, que consiste en la reflexión seria y actualizada y en el estudio que abra la inteligencia a la verdad. * La dimensión pastoral y misionera, que prepare al creyente para el testimonio en su ambiente, al servicio del mundo, con proyectos y estilos de vida atrayentes, abiertos a la colaboración y preocupados de llegar a los más alejados (280). c) El documento invita también a cuidar con esmero (Esquema 3): * La iniciación a la vida cristiana, sobre todo, de los alejados (286). Es la iniciación cristiana la manera de poner en contacto con Jesucristo e iniciar al discipulado (288). * La catequesis permanente. Se reconocen avances en este renglón pastoral, sin embargo, se detectan insuficiencias como: la baja formación de los catequistas, la dispersión de contenidos, la falta de colaboración con la familia y la ausencia de los párrocos (295-296). Hace falta diseñar procesos de formación integral y permanente (300). 3. También se indican cuáles son los lugares principales de formación para los DM. Son (Esquema 6): La familia, primera escuela de la fe (302). Las parroquias: lugares de formación permanente y de experiencia privilegiada de fraternidad, que se refuerza en la celebración dominical de la Eucaristía, encuentro de las comunidades con el Señor (305). Las comunidades eclesiales de pertenencia (307-310). Los movimientos eclesiales de participación. Son, éstos, expresión de la dimensión carismática de la Iglesia (312). Los seminarios y las casas religiosas de formación. Se trata de espacios privilegiados para compartir la vida con Jesús y a su manera. Se evidencia la necesidad de nuevos proyectos formativos de calidad, que incluyan la formación humana y la afectiva; que aboque a un verdadero encuentro personal con Cristo y con María; que preparen para el ejercicio responsable de la libertad; que propongan experiencias pastorales y que propicien una excelente formación intelectual, también en misionología y, sobre todo, en Sagrada Escritura. Básica es también la formación para la vida comunitaria y una mejor comunicación sacerdotal (314-327). Lo de la misionología, a nuestro aviso, se debe al hecho de que la teología de la misión ha evolucionado, en los últimos tiempos, y cuestiona ciertos estilos de vivirla, sobre todo, ad gentes. Lo ad gentes, hoy, lo tenemos también en nuestras mismas ciudades. Los centros educativos y las universidades católicas Este apartado es precedido por otro, más general, acerca de la educación. Se pide rediseñar reformas educativas de calidad para todo el Continente y evitar, así, el riesgo de reducciones antropológicas y de factores contrarios a la vida y a la libertad religiosa y de conciencia, tan presentes en los proyectos vigentes (328-330). A los centros educativos y a las universidades católicas, mientras, se les recuerda que son llamadas a impartir una educación católica con valores y virtudes. Se les confía la tarea, también, de evangelizar la cultura contemporánea, educar en la fe y en el gran valor del servicio. A las universidades católicas, además, se les invita a cultivar el diálogo entre ciencia y fe, entre fe y cultura; a formar en la doctrina social de la Iglesia y en la moral cristiana y a promover, finalmente, compromisos misioneros y solidaridades con los pobres (331-346). |