Hola. Me he puesto a pensar que la guerra de los cristeros en México fue una exageración, que no debieron de exponer los católicos sus vidas. ¿Fue fanatismo religioso lo de esta guerra? Laura.
Respuesta: Lo que la historia oficial mexicana ha llamado «guerra cristera», y ha presentado como una maniobra del clero y los poderosos para recuperar sus privilegios después de la revolución, fue en realidad un levantamiento popular contra una persecución religiosa que pretendía simplemente erradicar a la Iglesia católica del país o al menos convertirla en una iglesia separada de Roma y sumisa al gobierno mexicano de religión oficial masónica.
Si bien hoy en día, con más experiencia en luchas sociales, parece más aconsejable la resistencia pacífica, la Iglesia sigue reconociendo el derecho a la defensa propia y a la revuelta armada en casos excepcionales de una «tiranía evidente y prolongada que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la persona y dañase peligrosamente el bien común del país» (Pablo VI, carta encíclica Populorum progressio, 1967), bajo ciertas estrictas condiciones: 1) Causa muy grave. 2) Agotamiento de los medios pacíficos. 3) Que la violencia empleada no produzca mayores males que los que pretende remediar. 4) Que haya probabilidad de éxito (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2309)
La situación de México en 1926 cumplía perfectamente todas estas cláusulas. El gobierno imponía a la Iglesia católica condiciones que atentaban contra los más elementales derechos humanos y hacían imposible el ejercicio de la religión, además de los innumerables y todavía más abominables abusos cometidos con el pretexto de aplicar estas leyes. Muchos optaron por la resistencia pacífica y el martirio: trabajaron por la patria celestial; otros tomaron las armas en defensa de su derecho a la religión, sus vidas o sus familias: trabajaron por la patria terrenal. El Papa de aquel entonces, Pío XI, finalmente prohibió a los obispos apoyar la lucha armada y los instó a buscar arreglos con el gobierno, pero tiempo después el cardenal Boggiani declaró: «Yo mismo he visto llorar al papa Pío XI cuando trata el asunto de los arreglos en México».
En cuanto a la acción de los católicos que emprendieron la defensa activa de la libertad religiosa y la democracia, el mismo papa Pío XI, en su encíclica Iniquis afflictisque, acerca de este vergonzoso suceso, comenta (n. 27): «Todos los miembros de estas organizaciones, tanto hombres como mujeres, son tan valientes que, en vez de evitar el peligro, salen en su búsqueda, e incluso se regocijan cuando les toca en turno sufrir persecución de parte de los enemigos de la Iglesia. ¡Qué hermoso espectáculo éste que se ofrece al mundo, a los ángeles y a los hombres! ¡Qué merecedoras de eterna alabanza son estas acciones! [...] Incluso —y al relatar esto difícilmente podemos contener las lágrimas— algunos de estos jóvenes y adolescentes han enfrentado gustosamente la muerte [...] También muchachas que fueron encarceladas, fueron criminalmente ultrajadas, y estos actos fueron deliberadamente divulgados en un intento de intimidar a otras jóvenes e instigarlas a faltar a sus deberes para con la Iglesia». Es imposible saber qué habría pasado si los cristeros hubieran simplemente dejado correr las cosas como estaban, si hoy el país estaría mejor o peor, aunque las probabilidades apuntan a que estaríamos peor.
Walter Turnbull
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