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Escrito por Umberto M. Marsich, s.x.   
Domingo 30 de Marzo 2008

GUÍA PARA LA LECTURA DEL DOCUMENTO DE APARECIDA (13 de 18)

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...la cultura de los sencillos: catolicismo popular...

Por el Padre Umberto M. Marsich, s.x.

SEGUNDA PARTE: LA VIDA DE JESUCRISTO EN LOS DISCIPULOS MISIONEROS (JUZGAR-ILUMINAR) (Continúa).

Capítulo 6 (Esquema 3) (Continúa)

Formación espiritual.
La formación espiritual es anunciada como «Espiritualidad Trinitaria». Es aquella que nos permite superar el egoísmo y abrirnos a los otros: «La experiencia de un Dios Uno y Trino, que es unidad y comunión inseparable, nos permite superar el egoísmo para encontrarnos plenamente en el servicio al otro» (240).
En seguida, se concentra la atención en la necesaria experiencia del Cristo «Camino, Verdad y Vida», o sea, en su encuentro como condición para seguirlo. En efecto, se comienza a ser cristianos cuando se vive esta experiencia de encuentro con el Señor. Es encontrándolo como los DM pueden quedar nuevamente fascinados por Él.

 ¿Dónde podemos encontrar al Señor? El documento se detiene ampliamente en la descripción de todos los lugares (tópicos) que nos permiten encontrar a Jesús, experimentar su presencia y, luego, transmitirla a los demás como auténticos misioneros suyos. Estos son (Esquema 4):

* La fe, recibida y vivida en la Iglesia.
* La Palabra de Dios, fundamento del compromiso misionero y de toda la vida cristiana; fuente de vida para la Iglesia y alma de su misión evangelizadora; alimento del alma y estímulo misionero. Se enfatiza la urgencia de la «Pastoral Bíblica».
* La liturgia, como celebración comunitaria y festiva del misterio pascual del Señor.
* La Eucaristía, como misterio que hay que creer, celebrar y vivir. Es el alimento de la fe del creyente peregrino y de la comunidad. Se aconseja activar una «Pastoral del Domingo».
* El sacramento de la Reconciliación, como el lugar donde el pecador experimenta la cercanía del amor de Dios y encuentra a Jesucristo.
* La oración personal y comunitaria, como el lugar donde el discípulo cultiva una relación de profunda amistad con el Señor.
* La comunidad de pertenencia, viva en la fe y en el amor fraterno.
* Los pastores de la Iglesia representantes de Cristo.
* Los luchadores por la paz y el bien común
* Los mismos acontecimientos de la vida y la realidad
* Los POBRES, reconocidos, amados y defendidos por la Iglesia. Son el rostro sufriente de nuestro Señor y el lugar donde la Iglesia se juega su fidelidad a Cristo.

Siguen unos «anexos», a manera de espacios de encuentro con Jesucristo y de refuerzos de espiritualidad cristiana (Esquema 4):

a) La Religiosidad Popular: «precioso tesoro de la Iglesia Católica en América Latina» (Benedicto XVI). Las peregrinaciones, con todo su simbolismo, las procesiones, las novenas, las danzas, etc., son parte de este tesoro. Son experiencias de fe, de esperanza y de amor. Son una forma de espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos: «catolicismo popular». No debemos olvidar que esta piedad popular es «un imprescindible punto de partida para conseguir que la fe del pueblo madure y se haga más fecunda»; sin embargo, debemos reconocer que necesita ser evangelizada y purificada (262).

b) María. Es la Madre del Señor y madre nuestra. Es la discípula perfecta, unida a Jesús vitalmente; es la misionera formadora de misioneros. Se manifestó tal en el evento de Guadalupe, principio de la Evangelización en América. También nos enseña el primado de la contemplación y escucha de la Palabra en la vida del DM y el cumplimiento de la voluntad de Dios.

c) Los Apóstoles y los Santos. También ellos son ejemplos y modelos de santidad, que han dejado huellas en nuestra espiritualidad y en el estilo de nuestras Iglesias.  Principalmente: S. Pedro, S. Pablo y S. José, hombre justo, fiel y generoso (273). Consecuencia de esta espiritualidad será la «acción misionera» de nuestros DM (275).

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