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Escrito por María Velázquez Dorantes   
Domingo 30 de Marzo 2008

¿POR QUÉ ME HICE SACERDOTE?

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«La vocación la trae desde que es engendrado; y esto es válido para todos, sin excepción»
Entrevista al padre Moisés Vivar Martínez, con 20 años de ser sacerdote y 27 de vida misionera, del Distrito Federal.

Por María Velázquez Dorantes

¿Cómo nace la vocación en el sacerdote?

Tal vez lo primero sería aclarar que la vocación, como fin específico al que una persona se ha de dedicar, la trae desde que es engendrado. En este sentido la vocación es un misterioso designio de Dios por el que se ha de realizar la vida del hombre. Esto es válido para todos, sin excepción. Así, uno ya viene al mundo con ese fin.

Como experiencia consciente, la vocación en el sacerdote empieza desde el momento en que empieza su relación con Dios. Es decir, cuando su experiencia religiosa se vive en la plena conciencia de que habla con una persona, no con una idea abstracta. De ella escucha su voz en los diferentes medios que se le presenta, iniciándose un proceso en el que se irá definiendo poco a poco la decisión de hacerse sacerdote. La palabra vocación significa llamada, esto quiere decir que es un llamamiento divino. Este proceso dura años, en unos más, en otros menos.

¿Qué significado tiene para usted ser sacerdote misionero de la Palabra?

Significa una responsabilidad muy alta, porque es una misión a través de la cual Dios se dirige al mundo; le habla al hombre de hoy, marcándole la ruta por la cual transitará hacia la sociedad del reino de Dios, en la cual el hombre encontrará colmadas sus más altas aspiraciones.

La palabra de Dios es la luz que disipa tinieblas y confusiones. Es alimento de la vida, para no sufrir los vacíos existenciales que tanto torturan a la persona humana. Hace la función de la medicina que sana las heridas que lastiman por años, siendo remedio para los traumas que condicionan las conductas humanas; además ayuda a encauzar o superar los complejos. Es decir, ser misionero de la Palabra es ser pregonero de Dios y de su plan de salvación. La Palabra es el antídoto para superar el Pecado, verdadera epidemia de la humanidad.

¿Cómo va descubriendo la tarea de la evangelización en su ministerio sacerdotal?

La evangelización es una tarea necesaria y urgente. Los motivos expuestos arriba son situaciones que uno, como sacerdote, enfrenta constantemente. La crisis espiritual que está en el fondo de muchos problemas personales, familiares y sociales, son los que me permiten concluir que la evangelización no puede detenerse.  El Evangelio es una verdadera alternativa de salvación frente a los sistemas e ideologías que han probado su impotencia de salvar al hombre de sus grandes lastres sociales.

¿Qué rasgos significativos le han dejado sus experiencias misioneras?

Uno de los principales rasgos es la conciencia del valor de ser sacerdote misionero. El comprender la importancia de ser madurado por la palabra de Dios, porque, como nunca, hacen falta sacerdotes, religiosos y creyentes sabios. El hecho de tener que orientar, aconsejar, enseñar en circunstancias críticas de las personas, hace valorar la sabiduría de la vida que todos debemos adquirir. La palabra de Dios es principio de sabiduría.

En estos tiempos, ¿cómo describe la palabra ayuda hacia los otros?

 «Ayuda hacia los otros» me parece que expresa lo más genuinamente cristiano. Jesús, cuando propuso la ayuda al prójimo, no lo hizo en la línea meramente filantrópica, es decir, como quien no le gusta ver sufrir a nadie. Para Jesucristo ayudar al otro es una actitud ante la vida, una manera de vivir. Nadie puede ayudar genuinamente a otro si no sale de sí mismo, si no se purifica constantemente de cualquier egoísmo, que puede arrastrar al interés personal.

Actualmente, es común pensar que nadie ayuda a otro sin un interés expreso u oculto. Imposible que pueda existir la gente desinteresada. El sistema, al menos en México, ha creado la idea de que quien ayuda es para sacar una ventaja; que nadie está dispuesto a ceder en absoluto si se ven trastocados sus intereses particulares. Si son partidos políticos, es para sacar votos. Si es una empresa, es para ver qué beneficios obtiene…

¿Quiénes son los otros para un misionero de la Palabra?

Los otros los llama el Evangelio de Jesús el Prójimo. Y, según el Evangelio, «el Prójimo» es aquél a quien uno se acerca para atender sus necesidades, no tanto el que está cerca de nosotros; es decir, el punto de referencia no soy yo, sino el otro.

Por este motivo, la espiritualidad de un cristiano que ha crecido en la Palabra es la que lo orienta a pensar más en el prójimo que en uno mismo. En el caso del misionero, llega a ser el motivo por el que hace a un lado sus interese personales, sacrifica sus proyectos personales y se dedica a servir al hermano. Todo ello marca decisivamente su opción de vida.


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