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PORTADA Los obispos de México exigen al gobierno un papel más activo en la defensa de la libertad religiosa 
Se ha avanzado, pero no lo suficiente: Martín Rábago — Libertad religiosa es vivir nuestra fe en público y en privado: Aguiar Retes
Ya lo decía en octubre próximo pasado el señor arzobispo de León, don José Guadalupe Martín Rábago: «Los quince años transcurridos han sido de un constante aprendizaje en el recorrido de un camino por el que prácticamente nunca habíamos transitado en nuestra historia patria [...] debemos reconocer que hemos pasado de una situación de desconocimiento, de oposición, y en algunas etapas, hasta de conflicto violento, hacia una relación de reconocimiento y colaboración, tanto cuanto lo han permitido las circunstancias políticas, condicionadas por el acontecer histórico de nuestro país». La libertad religiosa en su sentido pleno Ahora los señores obispos Carlos Aguiar Retes y José Leopoldo González González, presidente y secretario general, respectivamente, de la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM), al presentar una Memoria del Seminario realizado con motivo del aniversario de que hablamos, nos ofrecen este punto orientador: «La libertad religiosa, en su sentido pleno, significa libertad para vivir nuestra fe en público y en privado, de manera individual o asociada, en toda actividad y sector, sin ningún otro límite que el respeto al derecho de terceros. Significa libertad para que los creyentes de todas las religiones puedan vivir con coherencia sus opciones de conciencia respetando las de otros. Significa libertad para que la Iglesia pueda cumplir su misión evangelizadora proclamando la fuerza del amor y de la reconciliación como principios fundamentales para la vida personal y social; y promoviendo el altísimo valor que cada ser humano posee independientemente de sus convicciones políticas, de su situación económica o de su congruencia moral, desde su inicio más frágil en la fecundación y hasta su muerte natural. No hay Estado laico sin libertad religiosa «La libertad religiosa es el soporte más importante para garantizar un Estado laico; ya que cuando un Estado promueve la libertad religiosa simultáneamente se mantiene al margen de imponer cualquier forma de religiosidad o de irreligiosidad en su sociedad. El auténtico Estado laico no se limita a tolerar las expresiones religiosas de sus ciudadanos, sino que las defiende, garantiza y promueve, porque reconoce que la fe en un ser superior fortalece la conducta ética y moral de los ciudadanos. Comprender que no es lo mismo laicidad que laicismo «Al hablar de Estado laico es necesario clarificar su concepto y distinguir entre laicismo y laicidad del Estado. La laicidad respeta, da espacio y libertad a cualquier religión y sus miembros para que brinden su aporte a la sociedad; y el laicismo discrimina y margina a quien tiene una convicción religiosa, y con ello se constituye de hecho en una especie de religión que pretende imponerse sobre las otras, anulando en la práctica el efectivo derecho humano de la libertad religiosa. Por ello es indispensable aceptar en nuestra Constitución la libertad religiosa y no solamente la libertad de culto y de creencias». En los anteriores conceptos está contenida una guía a la luz de la cual —y de otras que nos señale la recta razón— todos estamos llamados a examinar tan importante asunto. |