|
EXCLUSIVAS DE EL OBSERVADOR GRAN REPORTAJE 
Ciento veinte mil niñas son parte de ejércitos en todo el mundo. — Secuestradas, esclavizadas y vejadas. — La única que ve por ellas: la Iglesia católica.
Por María Velázquez Dorantes Los protagonismos laborales de la mujer muchas de las veces son espacios indignos y humillantes para su esencia humana. Está el caso de las mujeres soldado, que desde la infancia se convierten en guerrilleras; y no es porque ellas mismas hayan escogido esa «profesión», sino que muchas fueron ignominiosamente obligadas. Una investigación de la organización Save the children señala que más de 120 mil niñas trabajan o combaten junto a grupos armados de todo el mundo, utilizándolas como cocineras o esclavas sexuales. De acuerdo con la organización, la mayoría de los miles de menores reclutados en el mundo tienen entre 15 y 18 años, y son utilizados por los gobiernos y los grupos armados porque son muy «obedientes y no cuestionan las órdenes». Además, «algunas veces se les suministra drogas o alcohol para que sean más feroces combatientes». Una infancia truncada La realidad de las niñas soldado que con el paso del tiempo se convierten en mujeres dentro de los grupos armados, es uno de los focos de alerta que se han quedado en el olvido. Los procesos de desarme, desmovilización y reintegración (DDR) han informado que las niñas no son consideradas como parte integrante de la categoría de niños soldado a pesar de que también prestan servicio en primera línea. Las experiencias de ser niñas soldado están marcadas por enormes frustraciones que alteran la salud psicológica e incluso física de las mismas; tienen la traumática experiencia de haber sido abusadas durante años, obligadas a tener hijos de hombres que las trataban con violencia, o a abortos, y que, cuando vuelven a sus comunidades, son tratadas con desprecio y su clan no las admite por vergüenza. En la mayoría de los casos son secuestradas o arrancadas de sus familias, de sus propios colegios, o son captadas cuando huyen de situaciones familiares difíciles y de la miseria. Los países que reclutan niñas soldado son Uganda, Sierra Leona, Congo, Burundi; es decir, todos aquellos que tienen conflictos armados. China Keitetsi, el caso de una mujer ex soldado Su infancia y su adolescencia le fueron robadas a China Keitetsi, quien, entre los 8 y los 18 años de edad, fue niña soldado en el Ejército Nacional de Resistencia (NRA) de Museveni, en Uganda. En su huida de los malos tratos que sufría en su casa, se topó con los miembros de un grupo rebelde que avanzaba ya con varios menores de edad entre sus filas. En ese momento comenzó la vida adulta de esta niña hoy convertida en una mujer de 28 años con dos hijos, que acaba de publicar el libro Mi vida como niña soldado, en el cual relata su vida y su experiencia. China Keitetsi es una mujer católica que a la fuerza fue sometida a un aborto, y que, a pesar de los enormes sufrimientos que ha vivido, nunca ha culpado a Dios, y ha realizado declaraciones en las que señala que la culpa de todo esto la tienen los hombres que promueven y realizan las guerras. A pesar de los años transcurridos, todavía le cuesta explicar con palabras esos diez años de su vida. La asedia el recuerdo de las acciones brutales, de la pérdida de su infancia y su adolescencia. En 1995 China consiguió escapar del ejército. Dejó atrás a un hijo y a su país, hasta llegar a Sudáfrica. En 1999 el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados la envió a Dinamarca, país que la acogió como «una madre». Hoy se encuentra reunida con sus dos hijos y trabaja para que los niños africanos no sufran tanto como ella. El papel de la Iglesia católica en la misión que rescata a niñas y niños soldados La Iglesia católica no excluye a las niñas ni a los niños de una ayuda que les devuelva la esperanza de vida después de que, criminalmente, grupos armados les arrebataron la infancia. Se han organizado grupos católicos que, con buenos frutos, se dedican a trabajar en pro del bienestar de las niñas y niños soldado. El Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) es una organización católica internacional cuya misión es acompañar, servir y defender los derechos de las personas forzosamente desplazadas. Fue creado en 1980 por la Compañía de Jesús, y hoy trabaja en más de 50 países. El grupo ha establecido, con apoyo de una ONG, un Centro de Tránsito y Orientación (CTO) para la reinserción de menores en Baraka. En el 2001 la agencia Zenit informó que la Iglesia católica ha comenzado a acoger el primer grupo de niños soldado que hasta ahora combatían por la fuerza en las filas de los rebeldes de la guerra civil de Sierra Leona, y en ocasiones la Iglesia ha llegado a comprar la libertad de menores a un precio que llegó a girar entre 50 y 100 dólares. Las misiones papales contribuyen con programas de rehabilitación e integración social para niños traumatizados. Desde hace mas de 13 años, en la región del norte de Uganda en la que se encuentran las ciudades de Gulu y Kitgtum, con el apoyo económico de las Misiones Papales, la Iglesia católica en el arzobispado de Gulu ofrece ayuda a los niños que fueron soldados para que superen sus traumáticas experiencias y puedan reincorporarse a sus familias y a las sociedad de sus poblados. Se trata de terapias físicas, morales y psicológicas con el fin de la integración social. Una ayuda muy especial Chema Caballero, misionero javeriano, llegó a Sierra Leona en 1999 para poner en marcha un programa de acogida, rehabilitación y reinserción de niños y niñas soldado y guerrilleros. Recientemente la editorial Debate ha publicado un libro exhaustivo sobre estos niños con la infancia rota y el empeño de Chema Caballero para que recuperen la esperanza. Se titula Salvar a los niños soldado y ha sido escrito por el periodista Gervasio Sánchez. José María Caballero -conocido como Chema Caballero- tiene 39 años y lleva trabajando once en Sierra Leona. Natural de Badajoz, es licenciado en Derecho, Teología y Filosofía y ha realizado un máster en Ciencias Sociales. Su política: los Derechos humanos. Su estilo de vida: darse a los demás como misionero javeriano. Es desde el año 1998 cuando Chema está coordinando un proyecto de rehabilitación de niñas y niños soldado. |