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CARTAS AL DIRECTOR 
Seguramente estos médicos, muchos de ellos «católicos», han encontrado la forma de justificar sus acciones; sin embargo, sus conciencias tendrán que dialogar con Dios que ve en lo secreto.
Señor Director: Tengo 31 años y 4 hijos nacidos todos por cesárea. Después de algún tiempo de reflexión me decidí a escribir esta carta, no para juzgar y condenar, más bien para pedir oración por nuestros médicos ginecólogos y pediatras, que por alguna razón han faltado a su juramento, en la búsqueda del bienestar de sus pacientes. Durante los diez años que tengo de mamá he escuchado muchas historias de madres que durante el embarazo no tuvieron ninguna complicación, pero a la hora del parto «algo pasó» y, en medio de una atmósfera de temor por la vida del bebé, les tuvieron que practicar una cesárea. Es por este motivo que debemos orar por esos médicos que, apartados de la consigna del Señor de «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», han: 1. Mentido a sus pacientes y familiares respecto a la situación real del parto. 2. Han arrastrado a otros médicos a realizar operaciones que no eran necesarias. 3. Ponen en peligro la vida de las mujeres al someterlas a estas cirugías. 4. Ponen en peligro la vida de los bebés por sacarlos antes de tiempo y con falta de madurez. 5. Atentan contra la estabilidad económica de las familias haciéndolas cubrir gastos inesperados y que no eran necesarios. 6. Orillan a muchos matrimonios católicos al uso de anticonceptivos temporales con las consecuencias físicas y morales que esto implica. 7. Presionan a matrimonios católicos a usar métodos definitivos de anticoncepción que representan un grave atentado contra la dignidad de la persona y la vida espiritual de los cónyuges. Seguramente estos médicos, muchos de ellos «católicos», han encontrado la forma de justificar sus acciones; sin embargo, sus conciencias tendrán que dialogar con Dios que ve en lo secreto. Los invito a orar por estos médicos, para que puedan VER que sus talentos son para ponerlos al servicio de los demás, no para servirse de ellos, y para que puedan OIR la voz de tantas mujeres que piden tener un parto natural y, sobre todo, para que se dejen guiar por su conciencia, que es la voz de Dios en su interior. Y. G. A. |