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LOS VALORES DE MÉXICO  En días pasados, en el Distrito Federal, se dio a conocer la muerte de una chica de 15 años a la que se le practicó un aborto al amparo de la ley que permite ese procedimiento en los hospitales públicos y privados.
Por Antonio Maza Pereda En días pasados, en el Distrito Federal, se dio a conocer la muerte de una chica de 15 años a la que se le practicó un aborto al amparo de la ley que permite ese procedimiento en los hospitales públicos y privados. Una tragedia, sin duda; una que ha provocado toda una serie de reacciones muy reveladoras de la mentalidad de los que promueven la legalidad del aborto. Las proponentes del aborto dijeron que ésta es una tragedia, pero que no hay que perder de vista que se han llevado a cabo 6 mil abortos legales en el D.F. exitosamente, desde que se aprobó la ley hace casi 10 meses. Por lo visto, para estas señoras, la muerte de 6 mil niños no nacidos les parece un resultado exitoso y no una tragedia. Claro, para eso hay que considerar al niño como feto o «producto» para no hablar de la muerte de un ser humano. Por otro lado, con una gran prisa, las autoridades del hospital se apresuraron a cesar al médico que practicó el aborto. Claramente urgía hacerlo por razones políticas y para seguir sosteniendo el mito del aborto «seguro». El médico fue el culpable, dicen, el procedimiento no es riesgoso. ¿Le explicaron a la niña los riesgos que tiene toda intervención? ¿Se los explicaron a su madre, que la acompañó a este procedimiento? Bien sabemos que los hospitales públicos carecen de medios, a veces hasta de vendas y antisépticos para llevar a cabo una intervención. ¿Qué ocurrió? ¿Era políticamente necesario mostrar una decisión rápida, culpando al médico? Y, claro, como de costumbre, se intenta acallar a la Iglesia. Los funcionarios del gobierno capitalino amenazan a la Iglesia: «Si tratan de usar este hecho para atacar a la ley del aborto, pediremos que se les aplique la ley de cultos», dicen. No sólo si lo hace la Iglesia; tampoco deben hablar las organizaciones pro vida, que están cercanas a la Iglesia. Una vez más, habrá libertad de expresión para cualquier cosa, pero no para opinar de modo diferente como lo hace este gobierno de izquierda. ¡Y se dicen democráticos! Este trágico hecho deja claro varias cosas: el nulo respeto por la vida de los niños no nacidos, la actitud autoritaria y tendiente a lo dictatorial de estas autoridades y de los grupos pro aborto, así como su miedo, un miedo terrible a toda opinión que difiera de la de ellos. No hay que permitir que nos callen; están en riesgo muchas vidas. |