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FAMILIA 
Enseña sobre esto el sacerdote suizo y discapacitado Nicolás Schwizer, un evangelizador por internet
Hay que distinguir entre hablar y dialogar. Esto lo dice Nicolás Schwizer, presbítero del Instituto de los Padres de Schoenstatt, que en el año 2000 sufrió un accidente de carretera que le causó una grave discapacidad. Pero eso no le impide seguir evangelizando a través de internet (visite el sitio http://groups.google.com/group/PNreflexiones). Advierte este ministro de Dios que «todo matrimonio habla, intercambia palabras. Pero eso no es todavía diálogo, porque no es intercambio de lo interior de cada uno». El verdadero diálogo Define el diálogo conyugal como un «regalarse uno al otro desde lo más íntimo. Es abrir el corazón al otro y mostrarle quién soy por dentro, mis angustias, mis esperanzas». Advierte que la falta o debilitamiento de este diálogo es «el mayor problema que los matrimonios modernos enfrentan». Se convierte al cónyuge en «socio» «Los problemas de salud, los problemas habitacionales, los problemas económicos, todos pueden ser muy angustiosos, pero son externos —dice el padre Nicolás—. Amenazan al amor, ciertamente, pero desde afuera. En cambio, la falta de diálogo hiere la raíz del amor, la esencia del amor». Más aún, «el debilitamiento del diálogo trae necesariamente consigo el debilitamiento de la ternura, de la delicadeza, de la comprensión, del respeto, de todas las cosas que implica el amor. Es, en el fondo, dejar de valorar al cónyuge como persona, como destinatario principal de mi amor y empezar a considerarlo como ‘socio’, como ‘co-gerente’ de la empresa familiar, etc. Pero el amor de socios no basta para llenar el corazón de alguien que se decidió por el matrimonio». Causas de la falta de diálogo ¿Cuáles son las causas de esta falta de diálogo?, pregunta el presbítero, y se responde: «Conspira contra un diálogo verdadero el ritmo de vida que tenemos hoy en día. Porque uno no puede abrir el corazón en un minuto y medio. Para contar esas cosas hondas que uno tiene: preocupaciones, penas, anhelos del alma, se necesita tiempo, preparar todo un ambiente, y las cosas salen de a poquito. Se necesita tiempo, pero no hay tiempo» «Todos hablamos, sabemos hablar mejor que nunca antes, pero hablamos siempre de cosas. Es una conversación funcional, un diálogo utilitario, o sea, hablamos lo necesario para que la maquinaria del hogar siga marchando. Y para que siga funcionando hay que planchar, cocinar, pagar las cuentas... Pero poco o nada se dialoga de las cosas personales, íntimas. Y entonces uno realmente se asombra cómo Dios hace milagros. Porque hay una serie de matrimonios que están juntos por milagro». Y comienza la destrucción... Como el ser humano tiene necesidad del intercambio interior, «si no lo consigue en su casa, tal vez lo encuentre fuera del hogar, por ejemplo con la secretaria o con el vecino. Y así puede comenzar la destrucción del matrimonio», finaliza. |