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¿Es necesario estar sufriendo para encontrar a Dios? Imprimir
Escrito por Walter Turnbull   
Domingo 24 de Febrero 2008

RESUELVE TUS DUDAS

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Y los que no están en ese sentir de dolor, ¿para ellos dónde está Dios?, ¿o en ellos no se hace presente?

Pregunta: En muchos textos bíblicos y libros de santos se menciona que Dios está presente en los que sufren, en los que están enfermos, en los necesitados, en los que lloran; en fin, en el dolor mismo; pero, y los que no están en ese sentir de dolor, ¿para ellos dónde está Dios?, ¿o en ellos no se hace presente?, ¿es necesario estar sufriendo para encontrar a Dios? Le agradezco su atención y que Dios lo bendiga.
Verónica.

Respuesta:  Estrictamente hablando no podemos decir que Dios está presente en el sufrimiento, sino en los que sufren, ni podemos decir que el sufrimiento sea bueno: si acaso sería un mal necesario. En realidad donde Dios está presente es donde hay amor. El sufrimiento efectivamente nos puede acercar a Dios, pero sólo por el hecho de que «está presente en el mundo para provocar el amor» (Juan Pablo II, Carta apostólica Salvífici doloris). Siendo parte inevitable del misterio humano, Dios lo ha convertido en un instrumento de salvación, y muy efectivo.

A raíz de que Cristo nos salvó a través de su pasión, «su sufrimiento salvífico se ha abierto de una vez para siempre a todo sufrimiento humano» (Ibid). Entonces, todo hombre que sufre, si une su sufrimiento al de Cristo, se une a Cristo en su pasión, como el buen ladrón. Este sufrimiento, además, provoca en otros hombres el «detenerse» como el Buen Samaritano, tener compasión, dar ayuda, hacer obras de amor al prójimo, en el que el mismo Cristo está presente. «Cristo al mismo tiempo ha enseñado al hombre a hacer bien con el sufrimiento y a hacer bien a quien sufre» (Ibid).

Si alguien fuera capaz de aprender a amar sin haber sentido nunca dolor, posiblemente se salvaría: «en el ocaso de la vida, seremos juzgados por el amor» —decía San Juan de la Cruz—, pero algo así no se sabe que haya sucedido nunca. Aún suponiendo que alguno nunca padeciera enfermedades ni accidentes ni fracasos ni agresiones ni traiciones... tendría que experimentar algún sufrimiento ante el dolor ajeno, para que ese sufrimiento lo moviera al amor. Una persona que nunca haya sufrido es difícil pensar que alguna vez haya amado.

Por algo dijo Jesús: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame», y la medida perfecta del amor la encontramos en su máxima exponente de nuestro tiempo, la santa madre Teresa, que tenía como principio «amar hasta que duela».

En la vida tiene que haber momentos felices de paz y gozo, y también en ellos se puede encontrar a Dios, pero tarde o temprano el dolor tendrá que llegar, y entonces habrá que aprovecharlo.

Walter Turnbull

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