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PÓRTICO 
Cuál es la condición de paisaje, familia, cultura, sociedad e historia que han hecho que este hombre haya llegado a ocupar la Cátedra de Pedro y conduzca hoy los destinos de mil 200 millones de católicos en el mundo.
Por Jaime Septién La princesa italiana Alessandra Borghese, descendiente* del papa Pablo V, ha querido encontrar los orígenes vitales, familiares, paisajísticos y, sobre todo, católicos, de Joseph Ratzinger. El resultado ha sido un libro ameno, sencillo y lleno de guiños evocadores de la etapa de formación del actual Sumo Pontífice. La Borghese saltó a la fama con dos libros sobre su conversión: Con Ojos Nuevos y Sed de Dios. Ahora esta periodista escribe Tras las Huellas de Joseph Ratzinger. La premisa es, aparentemente, sencilla: cuál es la condición de paisaje, familia, cultura, sociedad e historia que han hecho que este hombre haya llegado a ocupar la Cátedra de Pedro y conduzca hoy los destinos de mil 200 millones de católicos en el mundo. Y digo «aparentemente sencilla» porque se trata de una cuestión de profundidad: infancia es destino, suelen decir algunos psicólogos. Pero, ¿también en la fe? El texto de la Borghese —tras recorrer las casas en las que habitó la familia Ratzinger; las escuelas en las que estudió, los caminos que recorrió, los santuarios que solía visitar y las calles de la infancia del pequeño Joseph— atestigua que más que la pura infancia, el destino de la fe depende de la familia, en primerísimo término, y más adelante, de la devoción popular arraigada y mantenida. La familia del papa Benedicto XVI fue de una austeridad cristiana a toda prueba, aunada a la dulzura y la alegría del pueblo bávaro, la organización alemana y el tierno amor a la Virgen María, así como de una espiritualidad sencilla, sin remilgos y con la piedad propia de quienes no discuten sino viven en contacto constante con el misterio de la Encarnación. Ciertamente, una conclusión así solamente la puede ver una mujer. El «genio femenino», del que tanto habló el papa Juan Pablo II, ve en Benedicto XVI un Papa de inmenso corazón, abierto a la trama sutil de la vida; un Papa cuya fe es la heroicidad del día con día y la monumental altura del conocimiento; en resumen, un Papa que en la comunión de la fe encuentra hoy, porque lo encontró en su familia, en su infancia y juventud, los acordes que suenan al unísono de la alabanza a Dios y del amor fraterno. * (Nota de la Redacción: La palabra "Descendiente" significa no sólo un "Conjunto de hijos, nietos y demás generaciones sucesivas por línea recta descendente", sino también "Casta, linaje, estirpe"; y a esta segunda acepción es a la que se refiere el autor del artículo). |