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LOS VALORES DE MÉXICO  Tristemente, es un hecho que los ciudadanos no nos sentimos representados por el Congreso. Así lo demuestran múltiples encuestas.
Por Antonio Maza Pereda Ahora en febrero, como nos ofreció el Congreso, se tomaron las decisiones finales para nombrar la directiva del Instituto Federal Electoral (IFE). Muchos, con sobrada razón, tememos que una de las instituciones ciudadanas con la capacidad de ponerles límites a los partidos políticos pierda su carácter neutral. La idea de crear un instituto neutral o, para ser más precisos, no partidista, viene de una muy arraigada desconfianza hacia los partidos políticos y hacia el Congreso, percibido como un instrumento de esos partidos. Es muy grave que exista esa desconfianza, pero más grave aún el modo como la ciudadanía percibe a nuestro Congreso. Estrictamente hablando, el Congreso debería ser una institución ciudadana. Su función es representar, lo más fielmente posible, el sentir de los ciudadanos. Es elegido por los ciudadanos. ¿Por qué no lo percibimos como una institución ciudadana? Tristemente, es un hecho que los ciudadanos no nos sentimos representados por el Congreso. Así lo demuestran múltiples encuestas en las que consistentemente se pone en los últimos niveles de confianza a diputados y senadores. Esto es muy grave. Mucho más grave que la pérdida del carácter ciudadano del IFE. Este instituto, con toda la importancia que tiene, no tiene la relevancia para la vida nacional que tiene el Congreso. Tal vez con un grado ligeramente de menor importancia e igualmente preocupante, es la pérdida de confianza de los ciudadanos en los partidos políticos. Por estas razones, a pesar de los innumerables anuncios en los medios, persiste la desconfianza de la ciudadanía hacia los políticos en general y hacia el Congreso en lo particular. No es un asunto menor. Difícilmente podrá sobrevivir y, mucho menos, desarrollarse la democracia si no se sana, de fondo, esta ruptura entre la ciudadanía y quienes dicen representarla. Sus importantes decisiones serán totalmente ineficaces si quedan bajo la sombra de la desconfianza ciudadana. La ciudadanía sólo recuperará la confianza con hechos. Y tal vez con mucha mayor urgencia e importancia, incluso más que la reforma electoral, se requiere que el ciudadano se sienta verdaderamente representado por su Congreso. Sin esto, la gobernabilidad y el desarrollo del país no serán posibles. |