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Escrito por Fernando Pascual   
Domingo 17 de Febrero 2008

BIOÉTICA

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La realidad es que cualquier aborto es siempre un acto sumamente injusto.

Por Fernando Pascual

La medicina moderna permite que muchos fetos prematuros puedan ser atendidos exitosamente cuando sobreviene un parto precoz (espontáneo o realizado por motivos médicos).

Actualmente es posible que fetos que nacen con 24, 23 o incluso con 22 semanas de embarazo reciban una eficaz asistencia médica. Los porcentajes de éxito varían mucho según la edad del embarazo y según la pericia y equipo técnico usado por los médicos, pues son muchas y complejas las dificultades con las que estos niños inician la vida extrauterina.

Los progresos de la medicina en este campo influyen cada vez más en los debates sobre el aborto. Hay leyes en algunos países que permiten abortos tardíos, de más de 24 semanas. Surge, entonces, la pregunta: ¿no es «excesivo» permitir abortos de 22-24 semanas, cuando los fetos que han alcanzado esa etapa de desarrollo podrían, en muchos casos, sobrevivir fuera del seno materno?

La cuestión de la vida

La pregunta encierra un importante elemento de buena voluntad: busca defender el derecho a la vida de los fetos que han alcanzado un suficiente estado de desarrollo, que son «viables» fuera del seno materno gracias a la técnica moderna.

Pero esconde, en muchos casos, un gran error: pensar que el aborto es más grave cuando el feto eliminado está más desarrollado, y menos grave cuando el feto eliminado está menos desarrollado, cuando tiene menos semanas de vida.

La realidad es que cualquier aborto es siempre un acto sumamente injusto. El tener un tamaño mayor, ciertamente, hace que la supresión de la vida del hijo sea más «violenta», más invasiva, más peligrosa incluso para la misma madre. Pero el número de semanas no hace más o menos grave el hecho en su dramática realidad: la eliminación de una vida humana, de un hijo, simplemente porque así lo decidieron otros.

Nadie se atrevería a decir que es más grave el asesinato de un niño de 4 años que el asesinato de un niño de 2 años porque el primero es más «viable» y  más desarrollado que el segundo.

Lo mismo vale para el aborto: asesinar a un embrión de 5 semanas es igual de grave que asesinar a un feto de 25 semanas, porque los dos son seres humanos con la misma dignidad. Uno será mucho más pequeño, el otro más grande, pero el tamaño y el nivel de desarrollo nunca deberían ser motivo para discriminar a los más pequeños, para considerarlos menos «humanos», para eliminarlos a través de la injusticia del aborto.

Puro y simple asesinato

No nos engañemos: no «mejora» una ley del aborto si con ella quedan protegidos los hijos de más de X semanas, mientras que los hijos de menos de X semanas pueden ser asesinados en los hospitales. El único modo de «mejorar» una ley del aborto consiste en suprimirla.

Hemos de reconocer, para crecer en humanidad, que cualquier aborto es siempre un asesinato del hijo en el seno materno, y que nunca tal asesinato debe ser permitido en una sociedad que pretenda alcanzar un mínimo de justicia hacia el más indefenso de los seres humanos: el hijo antes de nacer.


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