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Escrito por Justo López Melús   
Domingo 17 de Febrero 2008

FLOR DE HARINA (Sal 147, 14)

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Ser cristiano significa pasar del «ser para sí mismo» al «ser para los demás».

Por el padre Justo López Melús

Jesús, siempre pendiente de la voluntad del Padre, es a la vez el buen pastor que da su vida por las ovejas, que se santifica y se entrega por todas. No se reserva nada. Es un ser-para-los-demás. Jesús está clavado en la cruz. Bien alto, para verle bien. Con los pies clavados para esperarnos. Con los brazos abiertos para acogernos a todos.

Ser cristiano significa pasar del «ser para sí mismo» al «ser para los demás». «La fe cristiana solicita al indivino, pero no para sí mismo, sino para el todo. Por eso la palabra para es la auténtica ley fundamental de la existencia cristiana» (Rat-zinger). El Buen Samaritano no se pregunta ¿Qué me sucederá, en qué líos me enredaré si me entretengo en atender al herido? Sino que piensa: ¿Qué le sucederá al herido si no me paro a recogerlo?

Aceptar la vocación cristiana es salir de sí mismo, acercarse a Cristo, para abrirse como Él a los demás. El seguimiento de la cruz no es una devoción privada, para dulces arrobos interiores. Es seguir las huellas del Crucificado, salir de sí mismo, crucificar el propio yo, existir para los otros. «Hay que salvarse juntos. Hay que llegar juntos a la casa de Dios. No vayamos a encontrarnos con Dios estando los unos separados de otros. Hay que pensar un poco en los otros, hay que trabajar un poco por los otros. ¿Qué nos diría Dios si llegásemos hasta Él los unos sin los otros?» (Péguy).

Las grandes figuras de la historia de la salvación han vivido «el principio para». Abrahán, saliendo de su tierra; Moisés, dirigiendo el éxodo... Ofrecerse y darse. Morir para vivir. Como el grano de trigo, que si no muere permanece solo, pero si muere da mucho fruto. «Quien ama su vida la pierde, pero el que la aborrece en este mundo la guardará para la vida eterna» (Jn 12, 25).

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