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PINCELADAS 
Se alegró Omar y todos alabaron a Dios. Entre todos debemos salvar la fidelidad, la generosidad y el perdón.
Por el padre Justo López Melús El príncipe Omar estaba administrando justicia, cuando dos hermanos se presentaron arrastrando a un joven que había matado al padre de ellos. Omar dijo: — Has de morir, pues ha de cumplirse la ley del Talión. El joven le pidió que le dejara marchar tres días para atender a un sobrino huérfano. Uno de los presentes dijo que respondía por él, si no volvía a los tres días. Y Omar le permitió partir. Cuando ya se agotaba el plazo llegó el culpable. Jadeante y bañado de sudor. — Aquí estoy —dijo— para ser fiel, y que no se diga: la buena fe ha desaparecido de los hombres. El que se ofreció para sustituirlo dijo: — Me ofrecí para que no se diga: la generosidad ha desaparecido de los hombres. Entonces los dos hermanos dijeron: — Le perdonamos para que no se diga: los hombres han olvidado la virtud del perdón. Se alegró Omar y todos alabaron a Dios. Entre todos debemos salvar la fidelidad, la generosidad y el perdón. |