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COLUMNA ABIERTA 
Yo, que soy anticuado y que no he tomado cursos de pedagogía, siento que esa modalidad no es más que una proclamación de la ley de la selva entre nuestros niños en las escuelas.
Por Walter Turnbull En una escuela primaria oficial que tiene merecida fama de ser mejor que el promedio, unos niños de 5° de primaria juegan a quitarle a una niña una bufanda. Como la niña no se deja comienzan a golpearla y a patearla entre cuatro niños. Una compañera trata de intervenir y la amenazan con hacer lo mismo con ella. A la vista no hay ninguna autoridad. Cuando por fin aparece la maestra, la compañera corre a decirle lo que sucede y la maestra contesta: «Ella es la que se está llevando». Según cuentan, cosas parecidas suceden todos los días y la reacción es siempre parecida. A mí, a primera vista, me recuerda mucho los famosos casos de violación en que se termina exonerando al violador y acusando a la víctima porque «ella lo provocó». Alguna vez a mi esposa y a mí nos dieron una bonita plática de educación para papás, en la que nos aclaraban que, según el último grito de la moda en pedagogía, a un niño no lo debes ayudar porque se hace inútil y no lo debes defender de agresiones porque se hace cobarde. Supongo yo que ésta es la técnica aplicada por la mencionada maestra. Yo, que soy anticuado y que no he tomado cursos de pedagogía, siento que esa modalidad no es más que una proclamación de la ley de la selva entre nuestros niños en las escuelas. No sé quién lo dijo primero, pero parecen avalarlo predicadores, estadistas, filósofos y pedagogos: «Denme un niño menor de siete años y responderé por él el resto de su vida» (algunos se bajan hasta tres). Los valores que enseñamos al niño en sus primeras etapas serán determinantes en las siguientes. Así son los niños, dicen algunos, y prefieren dejarlo para después. Y después, así son los adolescentes, así son los jóvenes... Y cuando se convierten en bandidos, delincuentes, violadores, golpeadores, traficantes, entonces quieren que la justicia los meta al orden como por arte de magia. Tolerancia cero fue el único remedio para una ciudad con récord de criminalidad. Era una medida peligrosa, pero funcionó. Funcionó, pero es peligrosa. ¿Por qué no comenzar cuando es buen tiempo, cuando es tan sencillo como pararse en medio y decir: «Déjenla en paz en este momento y no quiero que vuelva a suceder». Tolerancia cero al abuso. ¿Cuántas patadas son tolerables? ¿Cuántos secuestros, cuántas violaciones, cuántas muertas de Juárez? A mí me gustaría poder enseñar a mi hija a defenderse de Juanito si Juanito le pega, pero sería mucho mejor que alguien le enseñara a Juanito a no pegar. |