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Escrito por +Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas   
Domingo 10 de Febrero 2008

VOZ DE LOS PASTORES

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"La vida que hay en el vientre de la madre es el test de toda democracia, es su prueba de fuego"

Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas

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En una pared del barrio «El Cerrillo», en esta ciudad, alguien pintó este letrero. Refleja una mentalidad individualista y permisiva, un relativismo absoluto, que no acepta normas éticas intocables. Dicha frase está muy cerca de una casa donde se ha promovido la campaña: «Di no al aborto. Di sí a la vida».

La Procuraduría General de la República y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos presentaron una demanda ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que declare inconstitucional la ley aprobada en el Distrito Federal, que permite abortar en las primeras 12 semanas de embarazo, pues viola nuestra Constitución, que protege el derecho a la vida. En fecha próxima, la Suprema Corte emitirá su veredicto.

Consuelo Mejía, directora de quienes se dicen «Católicas por el Derecho a Decidir», expresó en un seminario efectuado en la UNAM que «la pérdida de la legitimidad moral de la Iglesia y la secularización cada vez más clara en la sociedad ha permitido que las personas tomen decisiones con base en su autonomía y conciencia individual, y con independencia de sus creencias religiosas» (Jornada, 25-I-08).

JUZGAR

Ante todo, la Iglesia no ha perdido legitimidad. Según estadísticas laicas, es la institución que goza de más credibilidad y confianza en nuestro subcontinente. Quien afirma lo contrario, quisiera que aprobáramos el aborto, la unión conyugal de homosexuales, el uso de todo tipo de anticonceptivos, etc. Con razón se les ha negado oficialmente el título de «católicas», pues no se ciñen a las enseñanzas de nuestra Iglesia. Y si celebran que las mujeres tomen decisiones al margen de las creencias religiosas, no sé qué entiendan por fe religiosa, pues ésta, si es auténtica, involucra criterios y comportamientos. Una religión que no influye en la vida, no es cristiana ni católica. Si la conciencia no toma en cuenta a Cristo ni a su Iglesia, cada quien hace su ley y se cae en un subjetivismo y un relativismo que tienen como máxima: «Prohibido prohibir… Censuramos la censura».

Decía el Papa a los obispos de Kenia: «La mentalidad laicista y relativista se está imponiendo cada vez más a través de los medios globales de comunicación social… Es motivo de gran preocupación que la cultura secular globalizada esté ejerciendo cada vez mayor influencia en las comunidades locales, como consecuencia de campañas por parte de organismos que promueven el aborto. Esta destrucción directa de una vida humana inocente no puede justificarse nunca, por difíciles que sean las circunstancias que puedan llevar a dar un paso tan grave. Cuando anunciéis el Evangelio de la vida, recordad a vuestro pueblo que el derecho a la vida de todo ser humano inocente, nacido o por nacer, es absoluto y se aplica igualmente a todas las personas… La comunidad católica debe ofrecer apoyo a las mujeres que puedan encontrarse en dificultades para aceptar a un hijo, sobre todo cuando están aisladas de su familia y de sus amigos» (19-XI-07).

Suscribo lo que dijo el Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, Mons. Augusto Castro Quiroga: «La vida que hay en el vientre de la madre es el test de toda democracia, es su prueba de fuego. Una persona democrática ha de ser el más grande y entusiasta defensor de quienes no pueden defenderse a sí mismos, de las gentes más débiles, ya se trate de la mujer en situaciones de abuso, como del niño no nacido, pero no de la una contra el otro».

ACTUAR

Ante lo que el Papa constata, que «no pocos, sobre todo jóvenes, se sienten atraídos por una falsa exaltación, o mejor, profanación del cuerpo y por la trivialización de la sexualidad» (31-XII-07), los verdaderos discípulos de Jesús hemos de demostrar nuestra fidelidad a su Evangelio, no dejándonos llevar por criterios ajenos al plan de Dios, sino ser misioneros de su verdad y de su vida, que empieza por el respeto al ser humano concebido en el seno materno. Es una persona, no un objeto extraño. No nos avergoncemos de nuestra fe, sino proclamémosla con mucho mayor empeño que el que ponen los enemigos de la vida, los asesinos de los inocentes, los defensores del libertinaje sexual.

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