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HISTORIA PRESENTE 
Como católicos debemos tener los ojos abiertos a los signos de los tiempos. Estas reuniones y las discusiones que se dan en su interior son parte de estos signos.
Por Omar Árcega E Cuando estas líneas sean publicadas, seguramente se habrán concluido dos importantes reuniones a nivel mundial: el Foro Social Mundial y el Foro Económico Mundial, conocido como el foro de Davos. El primero va por su octava edición. Una de sus preocupaciones es el diálogo y la reflexión sobre los grandes problemas mundiales: ecología, pobreza, sistema económico injusto. Analiza «las alternativas… para solucionar los problemas de exclusión y desigualdad social»; apuesta por reglas económicas y sociales diferentes a las imperantes; «se opone a toda visión totalitaria y reduccionista de la economía, del desarrollo y de la historia». En otras palabras, la economía debe ver a los seres humanos como sujetos y no meros objetos para usar y desechar. En su seno conviven distintas tendencias: ecologismo, sindicalismo. Hay quienes propugnan por las revoluciones, mientras otros confían en las reformas graduales, etc. Sin embargo, tienen clarificado al adversario: el actual sistema económico que ha generado unos tres mil millones de pobres (la mitad de la población mundial). Por otro lado, tenemos el foro de Davos, con 38 años de existencia. Aquí se reúnen los hombres del dinero, académicos y políticos de altos vuelos (o con pretensión de serlo). También se analizan temas de interés mundial, aunque la desigualdad social no es siempre uno de ellos; pretende «fomentar el debate y sobre todo los contactos a nivel político y empresarial». Aquí se encuentran los grandes beneficiarios de la economía mundial. A primera vista el foro de Davos y el foro mundial social tienen pocas cosas en común, incluso parecen contrapuestos. Más que contrapuestas, yo percibo sus visiones como complementarias; del foro social surgen descarnados diagnósticos y en el de Davos están aquellos que tienen el poder de brindar soluciones. El problema es que unos a otros prefieren no escucharse. Como católicos debemos tener los ojos abiertos a los signos de los tiempos. Estas reuniones y las discusiones que se dan en su interior son parte de estos signos. No caigamos en las clasificaciones simplonas de los que sostienen que uno es el foro de la «izquierda» y el otro de «derecha». Debemos tener la claridad de pensamiento para percibir que son diversos puntos de vista sobre las mismas realidades. |