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Escrito por Antonio Maza Pereda   
Domingo 26 de Agosto 2007

LOS VALORES DE MÉXICO

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Si a los medios, cada vez que atacan a nuestra Iglesia, les llegaran miles de cartas y mensajes de correo electrónico, diciéndoles nuestro desacuerdo, lo pensarían mejor.

Antonio Maza Pereda  

Verdaderamente impresiona el poder de los medios. Muchos le llaman «el cuarto poder», es decir, un poder tan importante como el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Y, claramente, puede llegar a ser tan importante como para derribar a presidentes, influir decisivamente en las elecciones, cuestionar y desviar las disposiciones de jueces. Es tan importante su poder que en las contiendas electorales casi siempre gana el que ha invertido más dinero en los medios. Todo eso estaría muy bien, si a los medios se les pudiera hacer responsables de sus acciones. Sin embargo, esto es extraordinariamente difícil. Demandar a un medio por haber faltado a la verdad, en la práctica, es inútil.

Esta reflexión es a propósito del trato que les dieron recientemente algunos medios al cardenal Rivera y al obispo de Tehuacán. Estos obispos aceptaron, voluntariamente, responder a las preguntas que les hizo el representante de un juez de los Estados Unidos. ¿Cómo lo presentaron los medios? La presentación de este hecho fue, por decir lo menos, sensacionalista y tendenciosa. Se dijo, por ejemplo, «el Cardenal es cuestionado por un juez», «Obispo llevado a interrogatorio»; «Obispos mexicanos llevados a un tribunal». ¿La impresión que dejan? La de que a nuestros obispos una autoridad judicial les dio un trato de criminales. Y, por supuesto, se deja entender entre líneas que se lo merecían.

¿Qué hacer ante un poder sin limitantes, sin balances, sin la obligación de responder de sus actos? Legalmente, poco se puede hacer. Y ese poco difícilmente los limitará. Esto no quiere decir que no se pueda tener otro tipo de acciones, dentro de la legalidad. Ellos pueden hacer valer una «libertad de expresión». Nosotros, también. Si a los medios, cada vez que atacan a nuestra Iglesia, les llegaran miles de cartas y mensajes de correo electrónico, diciéndoles nuestro desacuerdo, lo pensarían mejor. Nuestro silencio es tomado por ellos en el sentido de «el que calla, otorga». Sí, significa trabajo. Sí es una molestia. Pero es muy importante empezar a limitar ese poder que no rinde cuentas, que puede actuar impunemente y presentarse como «opinión pública» cuando, en realidad, sólo refleja la manera de pensar de algunos grupos minoritarios.

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