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CONTRACULTURA 
En el fondo lo que subyace es que no disfrutamos la ruta hacia la meta.
Por Ignacio Navarro Valle Frecuentemente estamos poniéndonos metas. Así, nos proponemos adelgazar, ser puntuales, hacer ejercicio regularmente, incrementar nuestras ventas y controlar nuestros gastos personales y del negocio, etc. Y, ¡vaya!, todo esto está muy bien. Sin embargo, repetidas veces no alcanzamos la meta y nos viene un desánimo fenomenal cuya consecuencia, entre otras, es inmovilizarnos para seguir mejorándonos permanentemente. Y se preguntará: ¿por qué? Una de las razones que frecuentemente detectan los expertos es que, al enfocarnos en escoger la meta, descuidamos y dejamos de lado el poner debida atención en el proceso que nos asegure llegar a ella. Así, por ejemplo, si nos proponemos hacer ejercicio por las mañanas, ocurre con frecuencia que desistimos a las primeras de cambio, con multitudes de justificaciones: que si hace mucho frío; que es muy aburrido; que me siento adolorido, cansado, etc. En el fondo lo que subyace es que no disfrutamos la ruta hacia la meta. De aquí que sea igualmente importante la meta y el proceso, recordando que éste debemos disfrutarlo positivamente para alcanzarla. ¿Se anima? |