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MIRADA JOVEN 
Amar no es solamente querer; es, sobre todo, comprender. Françoise Sagan (1935-2004), escritora francesa
Por María Velázquez Dorantes En la sociedad del consumo los afectos están pasando a un segundo plano. Las relaciones amorosas ahora se rigen por el valor del consumo y la adquisición de los productos: entre más costoso sea el regalo mayor es la carga afectiva. Se trata de una realidad cruda y dolorosa, pero no se pueden cerrar los ojos ante un acontecimiento que gira sobre uno de los valores universales más importantes del mundo: el amor. Las tiendas de auto servicio y de enormes comercios están saturadas de corazones fríos, de perfumes, de marcas, de publicidad, de todo aquello que en apariencia es real, y que, sin embargo, sólo existe para el mundo que vive de las fantasías. El amor es un obsequio que no se puede comprar detrás de un aparador, el amor no se encuentra detrás de una marca o de un diseñador; no obstante -y es para lamentarse-, el amor se está convirtiendo en un fetiche para los enamorados, en un obsequio que decorará los espacios o el cuerpo, más no el alma de las personas. Los chocolates, los recuerdos en forma de corazón y cupido, sólo son objetos tangibles, que pueden desmembrar emociones, mas no despertar sentimientos; el amor que se rige por los obsequios costosos es un amor falso, un amor que se mece en una cuerda floja. Cada 14 de febrero es una fecha importante para las mercadotecnias, para las papelerías, para los poetas de un instante y nada más. El 14 de febrero está pasando de moda cuando no hay un objeto que regalar o que recibir. Son pocos los que saben el origen de la fecha; son pocos los que han buscado el origen de San Valentín. Hay quienes prefieren al eros del amor rápido y veloz. Los novios se preocupan más por el obsequio que por el amor que se demuestra a través de los sentimientos y las acciones; del respeto y del diálogo entre las parejas. En un 14 de febrero debe existir un mayor compromiso por la verdad del amor y no por sus aspectos. Es mucho más importante el fondo que la forma, pero en medio de la publicidad y de los nuevos estilos de vida a quién le importa el fondo. Las formas del amor se resumen en el gran elogio que no adula ni se burla; el amor no necesita de una sola fecha para celebrarse; el amor, además de un valor, es un sentimiento que supera las abstracciones de los cuerpos, de los objetos, de la trivialidad y la falacia del consumismo. El amor no se compra, no se adquiere con una marca indefinida, porque la única marca que lo hace verdadero es la de su creador que es Dios; el amor debe salir de los aparadores para cobrar vida en los corazones verdaderos y nada más. |