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Escrito por Yusi Cervantes y Carlos Jiménez   
Domingo 03 de Febrero 2008

VOZ DE LOS PASTORES

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«Función importante de la Iglesia es darle al hombre la esperanza verdadera»
Habla don Mario de Gasperín, obispo de Querétaro — Hay que perder la ignorancia para no perder la fe — Fortaleciendo a la familia se fortalecen la Iglesia y la sociedad

Por Yusi Cervantes Leyzaola y Carlos Jiménez

Desde el punto de vista de la Iglesia, de la misión pastoral, la evangelización es el tema que más preocupa a don Mario de Gasperín, a 25 años de haber sido llamado a servir a la Iglesia como obispo. Así lo expresa durante una entrevista concedida a El Observador en una sala cómoda y sencilla de su casa.

«Muchas personas no han tenido oportunidad de una instrucción religiosa más esmerada. Hay en Querétaro una sociedad plural, ha llegado gente de todos lados», muchas veces con una pobre instrucción religiosa.  Uno de los retos mayores de la Iglesia es la evangelización y la instrucción religiosa; «visto al revés, la ignorancia de muchas personas en asuntos de su fe: hay que perder la ignorancia para no perder la fe».

Pensando en esto, en que es necesario acercarse a la gente, el señor obispo ha hecho prácticamente 30 nuevas parroquias en la ciudad episcopal de Querétaro. Ya toda la periferia está cubierta.

También, precisamente tratando de resolver aunque sea en parte el problema del desconocimiento de la religión, se pide una instrucción antes de los sacramentos. «El concilio Vaticano II así nos lo exige a los obispos y pastores: que no se den los sacramentos sin una previa y suficiente instrucción, de modo que las personas que los reciben no sea solamente por costumbre y tradición, sino que también haya un consentimiento y una aceptación de los sacramentos que conlleva todo sacramento».

¿Recibe apoyo de sus fieles?

«Voy a las parroquias y donde quiera encuentro apoyo.  Están el consejo pastoral parroquial, los movimientos apostólicos, las asociaciones piadosas, y muchos otros servicios, los de liturgia, las Caritas parroquiales en la mayor parte de las parroquias, los ministros extraordinarios de la comunión: en todas las parroquias encuentro mucha vida y actividad.  Quizá como está menos concentrada la población se note menos, pero acercándose a la parroquia se da cuenta uno de la grande vida cristiana.  Hay mucha gente trabajando, participando. Estamos ofreciendo muchos servicios y hay una gran participación de la gente. Desde luego que agradezco muchísimo a los fieles católicos su generosidad y su confianza en su Iglesia».

Hambre de Dios, fe y vida cristiana ha encontrado don Mario de Gasperín como obispo, tanto en Tuxpan como en Querétaro.  Y en ambos lugares «encontré sacerdotes colaboradores abnegados en verdad. Estoy muy contento, satisfecho y agradecido con los sacerdotes de este presbiterio». Es por esto, asegura con una sonrisa, por los fieles y el presbiterio, que ha aceptado que se le celebre su jubileo episcopal. 

En cuanto a la obra espiritual, la construcción del reino, ¿qué es lo que hace falta que aportemos los laicos?

«Desde luego, la evangelización; y fortalecer a la familia como núcleo central básico de la sociedad civil y también de la Iglesia: la familia, que tiene ahora tantas dificultades para mantenerse unida, para crecer y desarrollarse con armonía, dificultades de todas clases. Queremos fortalecer a la familia, y, fortaleciéndola,  sobre todo con los valores cristianos, se fortalece la Iglesia y se fortalece la sociedad». 

¿Qué habría que encontrar en la familia cristiana?

«Mayor amor, mayor colaboración y mayor tranquilidad. Me preocupan mucho esos fraccionamientos nuevos donde los espacios son muy estrechos, muy incómodos, muy reducidos para una familia normal, con pocos espacios verdes y con pocos lugares de encuentro y esparcimiento. Inclusive para construir una iglesia, que suelen ser los lugares de encuentro más socorridos, más buscados; sufren mucho los sacerdotes para encontrar un terreno, un espacio suficiente para la atención de los fieles. Y esas aglomeraciones generan sociedades agresivas y a veces enfermas. Ese crecimiento de la sociedad a mi  modo de ver no favorece que haya ciudadanos tranquilos, sosegados, que puedan convivir y llevar una vida en paz, una vida digna.

«Es verdad que la migración del campo a la ciudad es muy grande; las necesidades en ese sentido son urgentes. En la sierra, las parroquias y los pueblos se van debilitando por la emigración, en cambio aquí nos vamos aglomerando más y más, disputándonos los espacios. Esperamos que esto no llegue a constituir un mayor problema social».

Y a la gente en su diócesis, ¿cómo la ve?

«Bien; es gente de fe, desde luego, que tiene en Dios y en la Iglesia su confianza y su esperanza.  Y está muy comprometida con sus familias. A mí me da mucho gusto cuando veo en el centro de la ciudad o en parques públicos a familias completas, paseando papá, mamá, los niños, a veces hasta los abuelitos; es muy hermoso.  Eso se ve todavía también en las comunidades rurales, y a las mamás acercándole a uno a sus hijos, pidiendo una oración, algún consejo.  Todo eso da mucha satisfacción.  Es una riqueza enorme la que tenemos en nuestro pueblo cristiano, en nuestro pueblo católico.  La Iglesia sin duda ha sembrado muchos de estos tesoros en el corazón de nuestro pueblo. Ojala que seamos capaces de conservarlos y de mejorarlos: es nuestra responsabilidad y misión».

El tiempo se ha ido sin sentir. Don Mario en ningún momento nos hizo sentir prisa, sin embargo, al salir y ver la nutrida sala de espera, agradecimos aún más la delicadeza de su atención.

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«Es muy triste ver a un joven sin esperanza»

«Yo creo que los jóvenes tienen que prepararse con mayor responsabilidad al matrimonio, con mayor cuidado, tienen que superar todas estas falsas ilusiones que se ofrecen por los medios de comunicación, la televisión, etc., y los mismos centros de esparcimiento que no favorecen la responsabilidad. Es el relativismo y éste como desencanto de la vida.

 «El papa Benedicto, en su última encíclica sobre la Esperanza Cristiana, esto nos quiere inculcar, lo que él llama la esperanza grande, la esperanza mayor.  Si no tenemos una meta grande, una aspiración grande, los pasos que demos van a ser muy pequeños y a veces hasta desviados. Cómo quisiera que pudiéramos nosotros los adultos ofrecer a los jóvenes alicientes suficientes, doctrina segura y guías de confianza para formar un futuro mejor, que está en la familia, una familia bien consolidada, con valores.  Y también avezada al sufrimiento y al sacrificio, porque es indispensable, no podemos excluir el sacrificio, es parte integrante de la vida humana, Hay que ayudar a las familias a transformar el sufrimiento y las limitaciones en retos y en valores y en esperanzas. 

«Es muy triste ver a un joven sin esperanza», afirma el obispo de Querétaro, y relaciona este desencanto con algunas propuestas de la sociedad contemporánea: «Todo está en venta, todo está al gusto, de la satisfacción, y no de los valores objetivos reales», de ahí que muchos hermanos nuestros caen en los vicios, en la delincuencia o simplemente «en el desencanto de la vida».  Se nota que éste es un tema sensible para el pastor de Querétaro, quien afirma: «Creo que función importante de la Iglesia es dar esperanza, pero esperanza verdadera, como dice el Papa».

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