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CONTEXTO ECLESIAL 
Cuando la comunicación pierde las raíces éticas y elude el control social, termina por olvidar la centralidad y la dignidad inviolable del ser humano...
Por Antonio Maza Pereda Cuando la comunicación pierde las raíces éticas y elude el control social, termina por olvidar la centralidad y la dignidad inviolable del ser humano, y corre el riesgo de incidir negativamente sobre su conciencia y sus opciones, condicionando así la libertad y la vida misma de las personas. Benedicto XVI Es sumamente interesante, y además oportuno, el documento dado a conocer por su santidad Benedicto XVI el pasado 24 de enero. En ese documento, dirigido a la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el Papa establece la necesidad y los lineamientos para una ética de la información, a la que llama infoética. Al leer este documento tuve un cierto regocijo al recordar innumerables casos de falta de ética en la comunicación social. Sin embargo, en una segunda lectura me di cuenta que el documento, fundamentalmente, me va dirigido a mí, como comunicador católico y a todos los que, sin merecerlo, somos leídos y escuchados por muchas personas. Claramente hace falta una profunda reflexión sobre este tema. Las comunicaciones sociales, cada vez más poderosas y con alcance creciente, no pueden ser ajenas a la ética. Sí, hay comunicadores que ven en la ética una limitante para su «libertad de expresión». Pero, ¿es posible aceptar un servicio a la sociedad que no esté sujeto a limitaciones éticas? Como mínimo, la ética del comunicador debe considerar dos aspectos fundamentales: el respeto a la verdad y una cuidadosa responsabilidad. Nosotros, los usuarios de la comunicación social, debemos exigir de los comunicadores el cumplimiento de esa ética. No seamos usuarios pasivos de la comunicación; tenemos el derecho de reclamar cuando la verdad no se respeta, de opinar públicamente cuando no estemos de acuerdo con los comunicadores y exigir responsabilidad cuando la comunicación social ataque los derechos de las personas a su buena fama y a su privacía. ¿Se puede tener una mejor comunicación social? ¿Podemos influir para tener una comunicación más ética? La respuesta es sí. Asumamos nuestra responsabilidad. |