JHS
   Martes 07 de Febrero 2012   Inicio arrow No. 656 (3 de febrero de 2008) arrow La compañía de Dios
Inicio
Buscar
Archivo
Contacto
Nosotros
Directorio
Suscripciones
Boletín gratuito
¡Escucha México!
Noticias Zenit
Enlaces
¡Ayúdenos!
Franquicia

Feed de El Observador Sucripcion por mail de El Observador Facebook de El Observador Twitter de El Observador

Publicidad

Una novela, un viaje, una aventura...

Soluciones, cerca de ti

Blog de un periodista católico: Jaime Septién

Red de periodistas, escritores y medios católicos de habla hispana

Buscando la verdad

Red Global Católica

Valorar la sexualidad de acuerdo al plan de Dios

Divulgación de información científica relacionada con la sexualidad

Televisión católica / Iluminando al mundo

Misioneros de Guadalupe

Fuentes RSS
La compañía de Dios Imprimir
Escrito por Claudio de Castro   
Domingo 03 de Febrero 2008

DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA

Image

Podrás pensar que mi vida ha sido fácil, pero aquí estoy, sin trabajo, a mis cincuenta años, luchando cada día por llevar el pan a la casa.

Por Claudio de Castro

Podrás pensar que mi vida ha sido fácil, pero aquí estoy, sin trabajo, a mis cincuenta años, luchando cada día por llevar el pan a la casa.

Anoche pensé en los porqués de la vida, y recordé las palabras de san Alberto Hurtado, sacerdote chileno: «¿Para qué está el hombre en este mundo? El hombre está en el mundo porque alguien lo amó: Dios. El hombre está en el mundo para amar y ser amado».

He pasado largo rato en oración, en medio de la noche y el silencio. A medida que pasaba el tiempo me di cuenta de que, para ser verdaderamente feliz, debo aprender a confiar en las promesas de Dios: «No se inquieten entonces, diciendo: ‘¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?’. Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el Cielo sabe bien que ustedes las necesitan. Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura» (Mt 6, 31-33).

De pronto, súbitamente, comprendí que era verdad lo que decía santa Teresa: «Sólo Dios basta». No necesitas más. Me invadió una paz sobrenatural. Una alegría inmensa. ¿Será la presencia de Dios? Surgió una necesidad de amar y me di cuenta: «El sentido de la vida es el amor».

Al amanecer dejé atrás la incertidumbre y el temor y empiezo de nuevo a caminar. Esta vez más seguro, más confiado, porque sé que no estamos solos. El hombre no está sólo. Dios lo acompaña.

edicionesanab.trimilenio.net

<Anterior   Siguiente>

Los artículos firmados son responsabilidad del autor. Las palabras de "El Observador de la Actualidad" y el logo son Marca Registrada. Derechos Reservados: Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2012