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¿POR QUÉ ME HICE SACERDOTE? 
«Fue fruto natural de vivir entre sacerdotes ejemplares cuya vida invitaba a seguirla»
Por María Velázquez Dorantes ¿Cómo nace su vocación? Mi vocación de sacerdote nació en un colegio-internado de jesuitas. Fue fruto natural de vivir entre sacerdotes ejemplares cuya vida invitaba sencillamente a seguirla. Ese contacto personal es donde nace la vocación. Para mí era y ha sido siempre lo mejor del mundo, y me sentí siempre llamado por Dios sin duda alguna. ¿Cuál ha sido una de las mayores experiencias que ha vivido como sacerdote? Ha sio el que me llamen y me consideren padre. En la India, donde viví cincuenta años entre hindúes, musulmanes, parsis, jainistas, budistas, sikhs y ateos, el presidente de la Academia de la Lengua Guyaratí, que era un brahmán hindú, dijo en el discurso en que me presentó a la Academia: «En todos los hogares del Guyarat hay dos padres: el padre de la familia, y el padre Vallés». Ésa es la experiencia más honda. ¿En qué momento decide escribir y por qué? Decidí escribir cuando estaba en los estudios de teología, en el seminario de Pune, en la India. La razón fue que yo iba a ser, y fui toda la vida, profesor de matemáticas en la universidad, y para entablar con mis alumnos, más allá de las matemáticas, un diálogo que me llevara a contactos personales y espirituales, decidí escribir un libro en la lengua guyaratí, con el cual establecer este contacto. Luego el editor de la principal revista mensual guyaratí, al leer ese libro mío, me pidió escribiera una columna en su revista para los jóvenes, y pronto el editor del principal diario me pidió una columna todos los domingos. La llamé «A la nueva generación», y esa columna fue la que me labró mi posición en la India. ¿Cuál es la temática que más inquieta al sacerdote para escribir? La Biblia en libros para católicos, y la familia, la ética, la psicología, y la juventud en libros para público general de cualquier religión. Tengo libros sobre Jesús, la Virgen, la Iglesia, los dones del Espíritu Santo, los salmos, la fe, la oración, y sobre vivir el presente, la alegría, la autoestima, la ecología, y los ritmos de la vida, Descubre tus ritmos, que es el último que acaba de salir. ¿Qué es lo que más le gusta hacer? Conversar con amigos. No hay nada como hablar del trabajo común y de los ideales personales, comentar las noticias de la Iglesia, de jesuitas, de compañeros; escuchar y proponer opiniones, soñar sueños, criticar a los superiores, resolver juntos todos los problemas del mundo. Eso anima, alegra, inspira. ¿Cómo se siente cuando recibe un correo electrónico para felicitarle? Es el mayor consuelo. No hay día en que no reciba varios en que gente desconocida me da las gracias por mis escritos y mi página de internet [www.carlosvalles.com]. Me dicen cosas como «ojalá lo hubiera leído antes», «en mi vida hay un antes y un después de encontrar sus libros», «tengo su libro de los salmos como libro de cabecera». ¿Qué experimenta cuando recibe una pregunta? Me agrada que me pregunten. Me tomo tiempo en pensar la respuesta y contesto lo más largo que puedo. Creo que es un gran servicio también del correo electrónico, que me ayuda a mí mismo a pensar y a definir, y espero ayude a muchos. A veces me irritan las preguntas por estar mal planteadas. Hace poco un muy buen muchacho me consultó sobre la pregunta a la que tenía que contestar por escrito en un examen de moral. El muchacho escribía con toda la inocencia y buena voluntad del mundo, pero la pregunta se le había hecho con ligereza, falta de respeto, falta de responsabilidad y de dignidad, pues no debe tratarse al ligero tema tan digno, delicado y sagrado. La pregunta era: «¿Qué diferencia hay entre tener sexo cinco minutos antes de la boda y cinco minutos después?». Entiendo que el examinador eclesiástico quería le contestasen que cinco minutos antes es pecado mortal, y cinco minutos después es acto creativo bendecido por Dios. Pero no es esa manera digna de tratar el sexo. Yo esperé a que se me pasara el enojo, me puse de buen humor, y le contesté al muchacho: «Diez minutos», para que se riera un poco. Y luego le expliqué lo que he dicho aquí. Ésas son las emociones que experimento a diario al abrir el correo electrónico. |