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Escrito por Antonio Maza Pereda   
Domingo 27 de Enero 2008

DEBATE

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Ciertamente, para la mayoría de la gente, parece que haya una división, incluso una oposición, entre la ciencia y la religión. ¿De dónde viene este concepto?

Por Antonio Maza Pereda

«La figura del Papa es incompatible con la labor de la ciencia. Nosotros, que hemos dedicado toda la vida  a la ciencia, no estamos dispuestos a escuchar a quien condena nuestro trabajo».
Carlo Bernardini, catedrático de la Universidad «La Sapienza», Roma, Italia.

Hace algunos días, esta frase dio vuelta al mundo. Un grupo de 67 profesores de una universidad importante de Italia (con un total de 4,600 profesores y un número indeterminado de alumnos) se opuso a que el Papa visitara esa universidad y le dirigiera un discurso. Hay muchos aspectos que comentar sobre este asunto. El hecho de que un grupo de personas que son menos del 1. 5% del total del profesorado haya logrado impedir  la visita del Papa indica la fuerza de algunas minorías, muchas veces pequeñísimas. Pero éste no es el tema a proponer en este artículo.

Ciertamente, para la mayoría de la gente, parece que haya una división, incluso una oposición, entre la ciencia y la religión. ¿De dónde viene este concepto?

La ciencia está orientada a mejorar el conocimiento de la humanidad en diferentes campos. Por su propia naturaleza, necesita de un método para asegurar que ese conocimiento es lo mejor que podemos alcanzar, con los medios muy limitados de que disponemos. Por esta razón, el método científico no habla de verdades definitivas. Algunos científicos, con un alto grado de entendimiento de sus propias limitaciones, hablan de que la ciencia sólo puede llegar a conocimientos provisionales. Estrictamente, nunca puede afirmar con total certeza que el conocimiento científico no va a modificarse, cuando haya nuevos avances. Dudan, sistemáticamente, de sus resultados. Y está bien. La humanidad va conociendo lentamente y de un modo imperfecto a la naturaleza. Conforme la entendemos mejor, conforme tenemos mejores instrumentos, nuestro conocimiento mejora, pero nunca está «acabado».  Naturalmente, este método tiene sus limitaciones. Es efectivo para conocer y entender el mundo material. No es tan efectivo para entender a la persona humana y mucho menos para las realidades espirituales.

Por otro lado, la teología, la metafísica, se dedican a otras realidades. El método científico no se puede aplicar a esas realidades, porque no tiene los instrumentos adecuados para ello. Ha habido algún científico que dice haber demostrado que no existe el alma, porque pesó a una persona antes y después de morir y no encontró diferencia de pesos. ¿Desde cuándo se ha dicho que las almas tienen peso? De la misma manera, tratar de aplicar los conceptos de teología al análisis de las reacciones químicas, caería en el mismo defecto: la teología no tiene instrumentos que ayuden a entender la química.

La ciencia y la religión tienen campos distintos; sus métodos difieren. En la religión católica hay verdades que creemos, no porque las hayamos desarrollado por el razonamiento, sino porque la fe nos dice que fueron verdades reveladas por el mismo Dios. En ese campo, el de los dogmas, no hay discusión. No hay nadie que esté investigando, por ejemplo, si en Dios hay cuatro personas en vez de tres. Pero los dogmas son pocos; muchas verdades religiosas y teológicas las conocemos por razonamiento.

En todo caso, el católico debe tener claro que hay una división de métodos y de campos para el pensamiento. No podemos esperar de las ciencias soluciones religiosas, y de la religión soluciones científicas. Lo que sí podemos esperar es que haya respeto entre esos campos y entender que cada cual tiene su propio método de razonamiento. Y no caer en intransigencias.


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