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PINCELADAS 
La leyenda áurea teresiana ha recogido algunas florecillas que nos recuerdan las de san Francisco de Asís.
Por el padre Justo López Melús La leyenda áurea teresiana ha recogido algunas florecillas que nos recuerdan las de san Francisco de Asís. Dícese que cierto día se le apareció nuestro Señor y le dijo: — Teresa, si no hubiese creado ya el Cielo, por ti sola lo creara. Y cuando le preguntaron si no sentiría envidia, si al entrar en el Cielo viese otras almas con más gloria que ella, la santa respondió: — De verlas con más gloria no sentiría envidia, pero de que amaran más a Dios que yo, sí. Se cuenta que una vez —aún señalan las Madres Carmelitas la escalera del suceso— se le apareció el Niño Jesús en la Encarnación de Ávila, y la santa no lo reconoció: — ¿Cómo te llamas, hermoso niño? —le preguntó Teresa. Y el Niño le respondió, como hacen los gallegos (ha notado alguien), preguntando a su vez: — ¿Y tú, cómo te llamas? — Yo soy Teresa de Jesús. — Pues yo soy Jesús de Teresa —le replicó Él. Ante una queja de Teresa, le dijo el Señor: — Así trato yo a mis amigos. Y Teresa le respondió: Por eso tienes tan pocos. |