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Escrito por Antonio Maza Pereda   
Domingo 20 de Enero 2008

LOS VALORES DE MÉXICO

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En nuestro mensaje, parecería que lo único que hay que enfatizar es la ausencia de lo negativo. ¿No será que se nos esta olvidando hablar del bien?

Por Antonio Maza Pereda

Algunas conversaciones recientes me han llevado a reflexionar sobre una gran ausencia en los medios y en el mensaje católico. Parecería que lo que importa, y que por eso se discute públicamente, son las amenazas a la familia. Y, claro, es importante. Hay que hablar de los males que acarrean el aborto, el divorcio, los abandonos, la violencia intrafamiliar. Pero da la impresión de que no hay nada más de qué hablar. Que si no hubiera aborto, divorcios, familias abandonadas y con violencia, de una manera automática se daría la felicidad de las familias. En nuestro mensaje, parecería que lo único que hay que enfatizar es la ausencia de lo negativo. ¿No será que se nos esta olvidando hablar del bien?

Es un hecho que ahora hay muchos jóvenes mexicanos que no quieren formar una familia y, menos aún, unirse en matrimonio. Las estadísticas del INEGI muestran que el crecimiento del número de matrimonios es muy inferior al crecimiento de la población en edad de contraer matrimonio. ¿Qué está pasando? ¿No será que a muchos jóvenes, ante la gran cantidad de fallas que se ven en las familias, les da miedo casarse?

Yo, por lo menos, hace mucho que no escucho a nadie hablando de la felicidad de un buen matrimonio. Hace mucho que no oigo hablar de la paz y la tranquilidad, el gozo que da un compromiso de fidelidad por toda la vida. Se habla de los problemas y las cargas de los hijos, y rara vez de las alegrías que los hijos nos dan. Hablamos mucho de la «cruz del matrimonio» y de la necesidad de soportar esa cruz con paciencia, como si no hubiera matrimonios felices. ¿Qué pasa? ¿Acaso tememos dar testimonio de que hay muchos matrimonios y muchas familias felices?

Entiendo que no es fácil. Nuestro ambiente, la cultura promovida por los medios, algunos grupos de la sociedad, tienden a ridiculizar a la institución matrimonial y a la familia. Se hacen chistes, muy graciosos, sobre la infidelidad; se burlan de las familias «de Disneylandia», «de película» y nos dicen que no son la realidad. Pero es importante hacer ver que se puede ser familia, que se puede tener un compromiso y que se puede ser feliz, mucho más feliz de esa manera.

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