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ESPECIAL 
«No ceséis de orar» (1 Ts 5, 17), el lema 2008 de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos Tradicionalmente celebrada del 18 al 25 de enero, la iniciativa cumple cien años.
Tradicionalmente la Semana de oración por la unidad de los cristianos (en realidad un octavario) se celebra del 18 al 25 de enero. La iniciativa y las fechas fueron propuestas en 1908 —hace cien años— en Nueva York, EU, por Paul Watson, pastor episcopal (anglicano), cubriendo así el período entre la fiesta de san Pedro y la de san Pablo. La Iglesia católica, las iglesias orientales y la mayoría de las religiones protestantes se han sumado a esta práctica conjunta. Sin embargo, la iniciativa no tiene la intención de limitar la oración por la unidad a sólo ocho días, sino a que sirva, además, de motivación para encontrar otras ocasiones, a lo largo del año, para orar y buscar la plena unidad querida por Cristo. Cada uno de las meditaciones propuestas para el octavario de este año emplean las exhortaciones que san Pablo dirige a la comunidad cristiana de Tesalónica: Día primero Orad siempre: «No ceséis de orar» (1 Ts 5, 17). Primera lectura: Is 55, 6-9: Buscad al Señor mientras se le encuentra. Salmo responsorial: Sal 34: Llamé al Señor y Él me respondió. Segunda lectura: 1 Ts 5, 13b-18: No ceséis de orar. Evangelio: Lc 18, 1-8: Orar constantemente y sin desfallecer. Oración: Señor de la unidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te pedimos sin cesar para que todos seamos uno como Tú eres uno. Padre, oye nuestra llamada cuando te buscamos. Cristo, condúcenos a la unidad que deseas para nosotros. Espíritu Santo, procura que no nos desalentemos nunca. Amén. Día segundo Orad siempre, no tengáis confianza más que en Dios: «Manteneos en constante acción de gracias» (1 Ts 5, 18). Primera lectura: 1 Re 18, 20-40: El Señor es Dios. Salmo responsorial: Sal 23: El Señor es mi pastor. Segunda lectura: 1 Ts 5 (12a), 13b-18: Manteneos en constante acción de gracias. Evangelio: Jn 11,17-44: Padre, te doy gracias porque Tú me has escuchado. Oración: Dios de toda la creación, escucha a tus niños en su oración. Ayúdanos a conservar nuestra fe y nuestra confianza en Ti. Enséñanos a darte gracias en toda circunstancia, a tener confianza en tu misericordia. Danos la verdad y la sabiduría, para que tu Iglesia nazca a la nueva vida en la comunión. Tú solo eres nuestra esperanza. Amén. Día tercero Orad sin cesar por la conversión de los corazones: «Animad a los tímidos y sostened a los débiles» (1 Ts 5, 14). Primera lectura: Jon 3, 1-10: La conversión de Nínive. Salmo responsorial: Sal 51, 8-15: Crea en mí un corazón puro. Segunda lectura: 1 Ts 5 (12a) 13b-18: Animad a los tímidos. Evangelio: Mc 11, 15-17: Una casa de oración. Oración: Señor, Tú quieres la verdad en el fondo del ser; en el secreto de nuestro corazón; Tú nos enseñas la sabiduría. Haz que nos animemos mutuamente en los caminos de la unidad. Muéstranos las conversiones necesarias para la reconciliación. Da a cada uno un corazón renovado, un corazón verdaderamente ecuménico; así te lo pedimos. Amén. Día cuarto Orad sin cesar por la justicia: «Mirad que nadie devuelva mal por mal; al contrario, buscad siempre haceros el bien los unos a los otros y a todos» (1 Ts 5, 15). Primera lectura: Ex 3, 1-12: El Señor oye el grito de los hijos de Israel. Salmo responsorial: Sal 146: El Señor… hace justicia a los oprimidos. Segunda lectura: 1 Ts 5 (12a), 13b-18: Mirad que nadie devuelva mal por mal. Evangelio: Mc 5, 38-42: No hagáis frente al que os hace mal. Oración: Señor Dios, Tú has creado la humanidad, hombre y mujer, a tu imagen. Concédenos orar sin cesar, con una sola alma y un único corazón, para que todos los que tienen hambre en el mundo queden satisfechos, que los oprimidos se liberen, que todo ser humano sea tratado con dignidad; haz de nosotros tus instrumentos para que este deseo se convierta en realidad. Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo, nuestro Señor. Amén. Día quinto Orad sin cesar con un corazón paciente: «Tened paciencia con todos» (1 Ts 5, 14). Primera lectura: Ex 17, 1-4: ¿Por qué?. Salmo responsorial: Sal 1: Dar fruto a su tiempo. Segunda lectura: 1 Ts 5 (12a), 13b-18: Tened paciencia con todos. Evangelio: Lc 18, 9-14: Una humilde oración. Oración: Señor, haz de nosotros tus discípulos, que escuchemos tu Palabra día y noche. En nuestro camino hacia la unidad, danos saber esperar los frutos a su tiempo. Cuando los prejuicios y la desconfianza triunfan, concédenos la humilde paciencia necesaria para la reconciliación. Así te lo pedimos. Día sexto Orad siempre para obtener la gracia de colaborar con Dios: «Estad siempre alegres. No ceséis de orar» (1 Ts 5, 16). Primera lectura: 2 Sm 7, 18-29: La oración de alabanza y de alegría de David. Salmo responsorial: Sal 86: Señor, escucha. Segunda lectura: 1 Ts 5 (12a), 13b-18: Estad siempre alegres. Evangelio: Lc 10, 1-24: El envío de los setenta y dos discípulos. Oración: Señor Dios, en la perfecta unidad de tu ser, guarda en nuestros corazones el ardiente deseo y la esperanza de la unidad para que nunca dejemos de trabajar al servicio de tu Evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Día séptimo Orad porque tenemos necesidad: «Sostened a los débiles» (1 Ts 5, 14) Primera lectura: 1 Sm 1, 9-20: Ana reza al Señor para que le conceda un niño. Salmo responsorial: Sal 86: Atiende a mi súplica. Segunda lectura: 1 Ts 5 (12a), 13b-18: Os pedimos... que sostengáis a los débiles. Evangelio: Lc 18, 9-14: Lc 11, 5-13: Quien pide recibe. Oración: Señor, ayúdanos a ser de verdad uno cuando rogamos por la curación de nuestro mundo, de las divisiones entre nuestras Iglesias y por nuestra propia curación. Haz que no dudemos de que Tú nos escuchas y que Tú nos responderás. Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo. Amén. Día octavo Orad siempre para que sea uno: «Que la paz reine entre vosotros» (1 Ts 5, 13b). Primera lectura: Is 11, 6-13: El lobo habitará con el cordero. Salmo responsorial: Sal 122: Haya paz dentro de tus muros. Segunda lectura: 1 Ts 5, 13b-18: Que la paz reine entre vosotros. Evangelio: Jn 17, 6-24: Que sean uno. Oración: Señor, haz que seamos uno: uno en nuestras palabras para que te dirijamos una oración humilde y común; uno en nuestro deseo y en nuestra búsqueda de la justicia; uno en el amor, para servirte en el más pequeño de nuestros hermanos y hermanas; uno en la espera de ver tu rostro. Señor, haz que seamos uno en ti. Amén. Con información de http://web.mac.com/riialmexico/iWeb/riial_mexico/esp_unidad08/esp_unidad08.html |