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Un empresario de buena pasta Imprimir
Escrito por Marco Antonio Batta, L.C. / Buenas Noticias   
Domingo 20 de Enero 2008

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Enzo recuerda una de las máximas que le enseñó su padre: «Un empresario enamorado sólo del dinero no es un gran empresario».

Por Marco Antonio Batta, L.C. / Buenas Noticias

Un buen día, Enzo Rossi, empresario italiano de 42 años, volvió a casa con una idea «loca» en la mente: siendo el dueño de la fábrica de pasta Campofilone, en Ascoli Piceno, decidió por un mes asignarse el mismo salario que pagaba a sus empleados: mil euros. Quería saber si era posible vivir con ese dinero. Un experimento.

Su esposa y sus dos hijas estuvieron de acuerdo (no sabemos con cuánto entusiasmo…). Comenzaron. Como era necesario llegar al final de mes, planearon los gastos cuidadosamente. Comenta Enzo: «Hicimos cuentas. Apartamos el dinero para la mensualidad de la casa, el seguro del coche, las boletas de la luz y el gas, etc. Con lo que quedó afrontamos los demás gastos ».

Los días seguían pasando. Las hijas tuvieron que renunciar a varios caprichos y se tuvieron que conformar también con una paghetta más modesta (la paghetta es un pequeño «pago» que los papás dan a sus hijos para sus gastos semanales); Enzo renunció por su parte al cigarro, etc.

Siguieron adelante: una, dos, tres semanas… y el día 20 se dieron cuenta de que ya no había dinero. Terminó el experimento.

Fue una buena lección para el dueño de Campofilone, cuyos espaguetis son «sutilísimos hilos de pasta al huevo». Se dio cuenta de que sus empleados difícilmente podían vivir con lo que les pagaba y decidió subirles el salario un 20% (200 euros más).

La decisión, en cierto modo, no fue puramente humanitaria. Comenta: «Lo confieso, aumenté los salarios también por una razón egoísta, pues ¿cómo trabajará una madre de familia con la preocupación de que no podrá llegar al final del mes? Si tiene esa inquietud, ¿dónde tendrá la cabeza durante el trabajo? Las manos de las empleadas que preparan la pasta son el tesoro de mi fábrica. Es justo que sean recompensadas».

Enzo recuerda una de las máximas que le enseñó su padre: «Un empresario enamorado sólo del dinero no es un gran empresario».

Ciertamente Campofilone, una empresa de tamaño medio, contaba con un margen de maniobra para subir los salarios. Posiblemente otras empresas tengan menos posibilidades, pero con buena voluntad siempre se puede hacer algo. Por lo menos, se podría hacer un experimento semejante.

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