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Agustin de Hipona, buscador de la verdad Imprimir
Escrito por VIS   
Domingo 20 de Enero 2008

LA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO

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Benedicto XVI dedicó reciente catequesis de la audiencia general de los miércoles, celebrada en el Aula Pablo VI, a san Agustín, obispo de Hipona, «hombre de pasión y fe, de gran inteligencia e incansable atención pastoral».

Benedicto XVI dedicó reciente catequesis de la audiencia general de los miércoles, celebrada en el Aula Pablo VI, a san Agustín, obispo de Hipona, «hombre de pasión y fe, de gran inteligencia e incansable atención pastoral».

El Papa señaló que en esta primera catequesis hablaría de la vida de san Agustín dejando sus numerosas obras para las próximas semanas, y recordó que se podría afirmar que «todos los caminos de la literatura latina cristiana llevan a Hipona», mientras, por otra parte, «de esa ciudad del África romana, de la que Agustín fue obispo desde el 395 hasta el 430, parten muchas otras sendas del cristianismo sucesivo y de la misma cultura occidental».

El autor de las Confesiones, «extraordinaria autobiografía espiritual, (...) con una gran atención al misterio del Yo, al misterio de Dios que se esconde en el Yo», nació en Tagaste en el año 354, hijo de Patricio y santa Mónica. Su madre lo educó en la fe cristiana, que más tarde el santo abandonó, no obstante le interesase siempre la figura de Cristo.

Agustín estudió retórica y gramática, de la que fue maestro en Cartago. En esta ciudad leyó el Hortensius de Cicerón, porque, a pesar de haber dejado la práctica eclesial, buscaba siempre la verdad. El libro, continuó el vicario de Cristo, «despertó en él el amor por la sabiduría», pero «como estaba convencido de que sin Jesús no se puede encontrar la verdad» y en el Hortensius no se hablaba de Cristo, comenzó a leer la Escritura.

Sin embargo, subrayó Benedicto XVI, el encuentro con la Biblia lo desilusionó, no sólo porque el estilo latino de las traducciones era tosco, sino porque «el contenido no le parecía satisfactorio. En las narraciones de las Escrituras sobre las guerras y otras peripecias humanas no encontraba ni la altura filosófica, ni el esplendor de la búsqueda de la verdad que la caracteriza».

Pero Agustín no quería vivir sin Dios y buscaba «una religión que respondiera a su deseo de verdad (...) y de acercarse a Jesús». Por eso se sintió atraído por el maniqueísmo, cuyos seguidores se presentaban como cristianos y aseguraban que su «religión era completamente racional». Además, la moral del dualismo maniqueo atraía al futuro obispo de Hipona, que se convenció de haber encontrado la síntesis entre «racionalidad, búsqueda de la verdad y amor a Jesucristo». Pero el maniqueísmo se demostró incapaz de resolver las dudas del santo.

Cuando Agustín se trasladó a Milán tomó la costumbre de escuchar las predicaciones del obispo Ambrosio para mejorar su retórica. Fue así como Agustín «encontró la clave para entender la belleza e incluso la profundidad filosófica del Antiguo Testamento y entendió toda la unidad del misterio de Cristo en la historia, y la síntesis entre filosofía, racionalidad y fe en el Logos, en Cristo, Verbo eterno que se hizo carne».

Agustín se convirtió al cristianismo «al final de un largo y atormentado itinerario interior» el 15 de agosto del 386, bautizándose el 24 de abril del 387. Fue ordenado presbítero en el 391 y obispo cuatro años más tarde. «Fue —dijo el Papa— un obispo ejemplar en su incansable empeño pastoral; (...) atendía a los pobres, se preocupaba por la formación del clero, organizaba monasterios» y en poco tiempo pasó a ser «uno de los principales representantes del cristianismo de aquellos tiempos».

«El obispo de Hipona ejerció un gran influjo en la guía de la Iglesia católica del África romana» e «hizo frente a herejías tenaces y disgregadoras como el maniqueísmo, el donatismo y el pelagianismo».

Fuente: VIS

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