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HOMBRE NUEVO 
Por las calles pululan los ancianos, los viejitos, los que ya vivieron. Y no nos damos cuenta del tesoro escondido que encierra cada uno de ellos.
Por José Manuel Otaolaurruchi, L.C. Por las calles pululan los ancianos, los viejitos, los que ya vivieron. Se les ve en los parques sentados con un bastón en la mano sin hacer nada, terriblemente solos. Y no nos damos cuenta del tesoro escondido que encierra cada uno de ellos. Quizá se nos haya olvidado que Goethe acabó su segundo «Fausto» a los ochenta y tres años; que Verdi compuso el «Te Deum» a los ochenta y cinco años; que Tiziano pintó la «Batalla de Lepanto» a los noventa y cinco años; que Juan Rulfo escribió su obra completa a los setenta años.... Fíjate en ellos por unos momentos. La experiencia de la vida les ha llenado a muchos de ellos de sabiduría, de buen sentido y de profundidad en sus juicios. Con el pasar de los años se han convertido en modelo de fidelidad al amor para tantos y tantos matrimonios destruidos o a punto de sucumbir. El tiempo les ha enseñado a no dar tanta importancia a lo fugaz y pasajero y a pensar más en la eternidad, en su alma, en Dios. Como señala Cabodevilla en su libro 32 de diciembre: «Hay una porción de cosas muy preciadas a las que el tiempo añade valor: la plata, los violines, el cuero, las pipas, la madera, el tabaco, los barriles, la amistad y la vida del hombre». |