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¿Es el nuestro un amor verdadero? Imprimir
Escrito por Yusi Cervantes   
Domingo 20 de Enero 2008

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¿Cómo saber si pueden establecer una buena relación de pareja?  Aquí hay algunas pistas.

Por Yusi Cervantes

Ésta no es la respuesta a una sola pregunta, sino a las inquietudes manifestadas en varias de ellas. Chicos y chicas, hombres y mujeres adultos con frecuencia se plantean las mismas cosas: ¿En verdad me quiere? ¿Sentir esta necesidad de el/ella es señal de verdadero amor? ¿Qué voy a hacer si me deja? Cuando estamos juntos soy feliz, pero cuando no, me siento miserable... Es una lástima que la sociedad hoy en día cultive la dependencia, el «sin ti me muero», la pasión, la sexualidad fácil, sin profundidad;  mientras, el tema del amor, el del verdadero amor por el que preguntan los jóvenes, queda relegado.

Muchas personas confunden estar enamoradas con amar, pero enamoramiento y amor no son la misma cosa. 

El enamoramiento es el truco de la naturaleza para lograr que un hombre y una mujer se vinculen sin considerar todas las dificultades que la relación de pareja implica. Es una etapa maravillosa, donde las emociones se viven intensamente, donde uno y otra se disfrutan mutuamente mientras descubren lo hermoso que es el mundo y sienten gratitud por poder estar juntos. Después de un tiempo, la intensidad del enamoramiento disminuye para dar paso al amor, si es que la pareja logró construirlo. Es decir, cuando la fuerza del enamoramiento disminuye, uno u otra podrían descubrir que esa otra persona no es adecuada para establecer un proyecto de vida común. O, por el contrario, podrían saber, con suficiente certeza, que esa persona es con quien quieren pasar el resto de sus vidas.

¿Cómo saber si pueden establecer una buena relación de pareja?  Hay algunas pistas:

- Ambos tienen la madurez y salud emocional necesaria. 
- Ambos son autosuficientes, pero, al mismo tiempo, capaces de inter-depender para establecer un proyecto de vida común. 
- Sienten atracción sexual uno por el otro. 
- Pueden ser cariñosos uno con el otro. Ambos son cálidos y se acogen mutuamente.
- Procuran conocerse en verdad, sin juzgarse, aceptándose uno al otro como son; y actualizan día a día ese conocimiento, porque las personas, aunque su esencia permanezca, cambian constantemente en su proceso de crecimiento.
- Aman al otro en su esencia, como persona, no sólo por sus cualidades, mucho menos por lo que les da o les hace sentir.
- Disfrutan estar juntos y hacer cosas juntos. 
- Se respetan a sí mismos y al otro. Ninguno de los dos presiona para que el otro cambie, sin embargo ambos están dispuestos a escuchar los consejos del otro y a mejorar ciertos aspectos de sus personalidades cuando esto es posible. 
- Cada uno tiene una vida propia. La vida en común seguramente exigirá ajustes en la vida de cada quien, pero no un sometimiento en función del proyecto de sólo uno de los dos.
- Cada uno conserva sus amistades y la relación con su familia de origen.
- El nivel, la profundidad, la sinceridad y la honestidad de la comunicación entre ellos son muy buenos.
- Se saben buenos amigos.
- Cada uno tiene la certeza de contar con el otro.
- Ninguno de los dos tiene miedo de las reacciones del otro.
- Ninguno de los dos carga al otro con la responsabilidad de sus propias decisiones. Eso implica que no pone al otro en deuda (Nada de: «Renuncié a todo por ti y ahora tienes que corresponder de tal o cual manera»).
- El amor se entrega incondicionalmente, sin medias tintas.  Eso de «yo te doy un poquito si tú me das un tantito y si no me hago para atrás», no es amor.
- Hay claridad y permanencia en el compromiso.  Ambos saben dónde están parados.  No son pareja solamente cuando están juntos.
- No se relacionan desde la carencia o la dependencia, sino desde la plenitud y la libertad.                         
- Los dos saben que elegirse mutuamente y comprometerse uno con el otro es un ejercicio de la libertad, no una renuncia a ella.
- Se apoyan en verdad uno al otro en sus proyectos personales y en los compromisos comunes.
- Hay entre ellos lealtad, fidelidad y confianza.
- Su relación trasciende en servicio a los demás, en la construcción de una mejor sociedad.
- Llegado el momento, su amor es fecundo y genera vida a través de los hijos.  Si por alguna razón no es posible tenerlos, buscan otros medios de dar vida.  Es decir, el suyo no es un amor egoísta que se ahogue en ellos mismos.

El asunto de saber si pueden formar una buena pareja no se resuelve en la cama. Puede haber buen sexo y una pésima relación. Pero las emociones despertadas por la sexualidad pueden confundir a las personas impidiéndoles ver con claridad otros aspectos fundamentales de la relación.

Cuando un hombre y una mujer deciden casarse están asumiendo el compromiso de amarse «en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad». No es «si me nace», no se trata de sentir bonito, no es que el amor aparezca y desaparezca como por arte de magia. No es «a ver que pasa». No es válido despertar una mañana y decir: «lo siento, ya no te amo» con tono de: «no depende de mí». Por eso, el amor debe ser sólido, profundo, vital, entrañable. El amor entre un hombre y una mujer tiene vocación de eternidad. El vínculo matrimonial significa la unión más profunda y plena que nos es posible conocer como seres humanos, al punto de formar «una sola carne».

Hay que tener muy claro que el amor no aparece de la nada. El amor es una decisión. El amor es un arte. Se aprende a amar. Se construye el amor. Si el enamoramiento nos vinculó de una manera especial con una persona, está en nuestras manos seguir caminando, comprometernos mutuamente en la construcción de una comunidad de amor.

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