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Escrito por Antonio Maza Pereda   
Domingo 13 de Enero 2008

LOS VALORES DE MÉXICO

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¿De dónde nace nuestra religiosidad? ¿Es, como dicen algunos del mundo, de nuestra debilidad y nuestros temores? ¿De nuestra ignorancia? ¿O acaso tiene algún otro origen? Tal vez, ¿de un corazón agradecido?

Por Antonio Maza Pereda

¿De dónde nace nuestra religiosidad? ¿Es, como dicen algunos del mundo, de nuestra debilidad y nuestros temores? ¿De nuestra ignorancia? ¿O acaso tiene algún otro origen? Tal vez, ¿de un corazón agradecido?

Quizás usted, como muchos de nosotros, dedicó algún tiempo en el final del año pasado o en el principio de éste para reflexionar sobre el año de 2007: hacer balance de nuestros logros y fracasos, nuestras alegrías y nuestras tristezas, de lo mucho que recibimos y de lo poco que dimos a cambio. En este balance, si fuimos sinceros, seguramente quedamos en deuda. En deuda con la familia, con los amigos, con la sociedad. ¿O acaso podemos decir, sinceramente, con la mano en el corazón, que dimos más de lo que recibimos? La mayoría de nosotros recibimos mucho más de lo que dimos. Y en este balance, sin duda, a quien más debemos es a Dios.

¿Qué podemos realmente darle a Dios, cuando Él es el dueño de todo? ¿Acaso necesita Dios de nosotros? Todo lo que hemos recibido de Él, nos lo ha dado gratuitamente; sin que lo merezcamos y sin esperar de nosotros ningún tipo de recompensa. Todo no los ha dado por su inmenso amor.

El darnos cuenta de esto genera en la mayor parte de la gente un profundo sentimiento de agradecimiento. Este agradecimiento que es la base de la religiosidad. Buscamos la unión con Dios, no por temor, sino por agradecimiento. Con nada le podemos pagar. Lo único que podemos hacer es agradecerle todo el bien que nos ha hecho.

Él, que nos quiere con un amor infinito, lo único que desea es que seamos felices eternamente, es decir, que se cumpla en nosotros el propósito para el cual fuimos creados. Al aceptar y obedecer las verdades que nos ha revelado y los mandamientos que nos ha dado, lo único que hacemos es seguir el camino que nos marca para nuestra felicidad eterna.

Una parte importante de nuestra relación con Dios consiste en un estado de alerta, de observar en cada momento de nuestra vida, en cada uno de nuestros actos y en lo que nos ocurre, la misericordia de Dios: cuidándonos, buscando nuestro bien, expresándonos su amor infinito. Sin esperar nada a cambio. ¿Cómo no estar profundamente agradecidos?

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