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Escrito por Claudio de Castro   
Domingo 13 de Enero 2008

DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA

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Hay muchas razones para odiar, pero hay más para perdonar.

Por Claudio de Castro / Panamá

Hay muchas razones para odiar, pero hay más para perdonar.

He sabido de muchas personas a las que les hacen la vida imposible en el trabajo: un vecino que te fastidia, o alguien que te roba y arruina tu negocio.

Hace poco supe de este ejecutivo al que despidieron de la empresa en que laboraba. Sus propios compañeros de trabajo, sus amigos, malintencionados, fueron los que le hicieron el daño, hablando mal de él, sembrando insidias y desconfianza.

Salió de la empresa con un nudo en el alma, desgranando sus malos deseos, preparando la venganza perfecta. Odiaba, con todo lo que se puede odiar. Así pasó tres días, sin poder perdonar lo que le hicieron. La mañana del último día despertó con un fuerte dolor en el pecho. Una ambulancia lo llevó al hospital. Estaba sufriendo un ataque al corazón. El doctor que lo atendió, al saber por lo que pasaba, le advirtió: «O usted perdona, o se muere». Y él, resignado, respondió: «Perdono».

Escogió la vida y perdonó.

Cuando te animes a perdonar y no sepas cómo hacer, o dónde empezar, te recomiendo consultar al que mejor lo ha sabido hacer: Jesús.

Visítalo en el Sagrario y dile: «Ayúdame, Jesús». Te aseguro que el cambio será inmediato. Lo he visto cientos de veces. Jesús es tan bueno que no te dejará marchar sin una respuesta suya.

Pedro se acercó entonces y le dijo: «’Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’. Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete’» (Mt 18, 21-22). 

Vale la pena hacerlo.

La verdad es que vivir odiando es lo mismo que no vivir. Porque no disfrutamos nada. Es mejor perdonar y recuperar la alegría, la esperanza, la ilusión de cada mañana.

Perdonar y ser perdonados.

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