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Sucede algo muy extraño con los gruñones, porque siendo de diferentes regiones y épocas, tienen rasgos tan comunes que alguien que conoce a uno en Fuentripia puede también conocer a uno, exactamente igual, en Mansarpia.
Los gruñones no se inventan a sí mismos, nacen del fondo negro de la tierra, de donde emergen para vivir en cuevas; ahí se cuelgan como murciélagos furiosos y cuando salen al exterior tienen implantados lentes oscuros, los cuales les ayudan a no ver bien la luz ni la belleza del mundo. La carraspera de sus gargantas se debe a que no son gorriones alegres y el ceño fruncido se debe a que tienen fija la vista en la punta de su nariz, lo cual les ocasiona ese gesto tan característico. Su paso es exageradamente métrico, con un zapateo marcado que hace pensar en sus pensamientos cortos. Los colores no tienen sentido, ni las flores, ni los moños en las cajas de regalos, ni las cerezas sobre los helados. Las risas de los niños son imperceptibles para ellos y toleran sólo a los pequeños cuando están dormidos; de otra manera, reaccionan con roncos gritos que salen de sus pulmones de ogro: ¡Cállense!, es la palabra mágica para los niños. ¡Deja!, ¡Basta!, son las palabras para los jóvenes, y ¡Bah!, ¡No digas tonterías!, son las palabras para su mujer. Sucede algo muy extraño con los gruñones, porque siendo de diferentes regiones del mundo y diferentes épocas, tienen rasgos tan comunes que alguien que conoce a uno en Fuentripia puede también conocer a uno, exactamente igual, en Mansarpia. Se quejan del café frío y de los días de lluvia, de los pájaros revoltosos y del aburrido paso del tiempo, porque no lo tienen para perderlo. No entienden de sorpresas ni de festejos, tienen atrofiada la sonrisa y les duele la garganta cuando cantan. No es fácil tratar con un gruñón, aunque existen técnicas muy antiguas, que exigen de mucha disciplina, las cuales conservan la calma de quien convive con uno y permiten ignorar la negrura de su semblante y su mal humor. No se recomienda contagiarse de éste porque puede uno perder las dulzuras de la vida. Se sugiere, por el contrario, tratar a uno de estos especimenes con dosis fuertes de cariño y, por supuesto, protegerse con mucha paciencia. No se reportan muchos casos respecto a la transformación de algún gruñón en el planeta, pero hay varios autores que consideran que pueden darse cambios asombrosos con un tratamiento ininterrumpido de amor y tolerancia. Algunos recomiendan hablar con el gruñón respecto a su postura frente a la vida, sugerirle que cada noche anote antes de dormir las bendiciones que recibe y, además, las cosas buenas que es capaz de hacer al día siguiente; pedirle que, poco a poco, se quite costras de egoísmo y que tire a la basura el guión para hablar que ha utilizado con enojo y necedad. Es necesario encontrar medios reales para oponerse a sus estrategias y acciones, de tal forma que esta especie no siga proliferando más y no se llenen nuestras casas, nuestros parques y nuestros bosques de gruñones horribles y furiosos que sólo debieran existir en los cuentos de hadas. |