|
¿Qué es la cultura de la vida? |
|
|
|
|
Escrito por Hannah-Barbara Gerl-Falkovitz
|
|
Domingo 26 de Agosto 2007 |
|
¡EUROPA POR CRISTO! 
Todos estamos vivos, ¿pero de dónde procede la vida? ¿De los padres o antepasados que desearon precisamente ese hijo y lo han generado en consecuencia? Evidentemente, los padres constituyen un requisito humano y espiritual de la vida del hijo, pero sin perseguir un objetivo preciso o al menos consciente.
Por Hannah-Barbara Gerl-Falkovitz
Todos estamos vivos, ¿pero de dónde procede la vida? ¿De los padres o antepasados que desearon precisamente ese hijo y lo han generado en consecuencia? Evidentemente, los padres constituyen un requisito humano y espiritual de la vida del hijo, pero sin perseguir un objetivo preciso o al menos consciente. Esta idea tan simple puede confirmarse sin duda por el hecho de que también los padres tienen que aprender a conocer a su hijo inicialmente como un extraño. Es más, el propio niño debe también aceptarse a través de un proceso de maduración, debe aprender a conocer sus límites e incapacidades al mismo tiempo que su potencial y motivaciones.
La cultura de la vida significa: vivir la propia vida como un don. La cultura de la vida significa también desear a otros ese don. Y ello desde el comienzo de la vida hasta la muerte natural. Bajo la justificación de que es preciso salir de esta vida de forma independiente, las personas mayores son empujadas hacia una muerte «voluntaria». Bajo el pretexto del derecho a elegir, las mujeres son obligadas a matar a sus hijos no nacidos. Bajo el pretexto de la liberación de la mujer, ellas niegan los hijos a sus padres, sin pedirles su opinión. La cultura de la vida es tener el derecho a transmitir la vida, acoger a los hijos en este mundo estremecido, pese a todos los obstáculos, es hacer fuertes a los padres y las madres, alegrarse de convertirse en abuelos.
La cultura de la vida es el derecho a morir cuando llegue la hora y comprender la propia muerte como una transición a una vida nueva y eterna. Consiste en sobrellevar, con la ayuda de otros, la dolorosa experiencia de tener que partir y no esconder vergonzosamente la decadencia corporal. En lugar de «retirar los desechos», tenemos que cuidar juntos del otro.
Tales frases sólo pueden afirmarse porque debemos nuestra vida a un Dios vivo. La cultura europea se ha basado desde hace largo tiempo en esta experiencia. Es hora de abrir de nuevo las puertas a la cultura de la vida. www.europe4christ.net |