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Aparecida, renovada propuesta de conversión Imprimir
Escrito por María Velázquez Dorantes   
Domingo 13 de Enero 2008

ALACENA

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Entrevista al padre Umberto Mauro Marsich, s. x.

Por María Velázquez Dorantes

Padre Marsich: usted viene ilustrándonos, a través de El Observador, acerca de la conferencia episcopal de Aparecida. ¿Cuáles diría usted que son los ejes plasmados en el documento final?

Los ejes de Aparecida son elementos profundamente enlazados entre ellos y absolutamente indisociables. El «discipulado» es una manera muy propia de ser del creyente, que le permite crecer a la sombra de la enseñanza de Jesús y aprender a vivir como él; la «misión» es otra faceta de la misma medalla: no hay discipulado auténtico sin compromiso para actuar como Jesús. El «Reino» es el contenido y la razón de ser del discípulo misionero de Jesús: seguimos al Maestro para colaborar con Él en la construcción de un nuevo mundo y de una diversa realidad social, donde prevalezca la fraternidad, se establezcan estructuras sociales más justas y equitativas y se busque, cueste lo que cueste, la paz y el respeto de la naturaleza. Dentro de este proyecto del Reino, desde luego, sobresale la urgencia de cuidar y defender la vida de todos y tutelar la dignidad de aquellos a los que ha sido disminuida o despojada. El Reino de Jesús, en efecto, debe ser espacio de vida plena y digna para todos, incluyendo los más pobres y excluidos de la sociedad.

¿Cómo habría que establecer el diálogo interreligioso?

El diálogo interreligioso en Iberoamérica no es muy frecuente porque muy pocas son las religiones «no cristianas». Más urgente es cuidar el diálogo ecuménico, o sea, con las religiones cristianas: judía y protestante. Aparecida, muy atinadamente, sugiere que el diálogo se lleve a cabo con mucho respeto y sin descalificaciones. El ut unum sint, o sea, que seamos una sola cosa, poco a poco se podrá dar si cuidamos el diálogo y si lo realizamos con mucha caridad.

Sobre la piedad popular en nuestro continente, ¿qué papel ocuparía?

La «piedad popular» o «catolicismo popular» en el documento de Aparecida logra un gran aprecio. En efecto, es definida como tesoro de la Iglesia, alma de los pueblos y religiosidad de los sencillos. Sin embargo, si es cierto que no debemos despreciarla, también es necesario que sea purificada y evangelizada. Solamente así evitaremos que caiga en fanatismos o en vivencias religiosas sin compromiso alguno.

¿Cómo se desarrollan las dimensiones de formación a partir del documento de Aparecida?

Llama la atención, en el documento de Aparecida, el llamado a la espiritualidad. Antes del «quehacer» hay que «ser» más cristianos auténticos. Lo que nos debe distinguir, en efecto, no pueden ser las ideas o las actividades pastorales, sino, primeramente, la espiritualidad, que consiste, prioritariamente, en hacer la experiencia del Cristo. Será ésta la razón de nuestra adhesión al Señor y el objetivo de nuestro ser discípulos misioneros, o sea, dar a conocer al Cristo que se ha experimentado. Sólo entonces podremos contagiar a los demás de entusiasmo y de esperanza. Además, la experiencia de Cristo nos conduce hacia una vida de fraternidad, comunión y solidaridad con los pobres, lo cual será fuente de atracción para aquellos que aún no creen.

La gran misión continental, ¿cómo se va a desarrollar?

El desarrollo de la «gran misión continental» es una gran expectativa para todos. Su éxito dependerá, principalmente, de la capacidad de conversión pastoral al proyecto de Jesús de parte de todos: obispos, sacerdotes, religiosos/as y laicos/as en general. Los resultados están en las manos de Dios y en nuestras acciones misioneras de ir hacia los alejados de la fe; dependerá del entusiasmo de todos y de nuestra fortaleza el cambiar las actitudes convenencieras y las estructuras pastorales caducas. Urge pasar de una pastoral de mera conservación y clientelar a otra más misionera. Será un reto, pero hermoso, para todos.

¿Cuáles son las preocupaciones que se examinan en el documento de Aparecida?

Cada documento del episcopado latinoamericano ha tratado de responder a ciertas preocupaciones. De hecho, Aparecida intenta dar respuesta, según mi percepción, a las siguientes preocupaciones: a) Reavivar la vida cristiana de los católicos latinoamericanos a través de reflexiones y orientaciones y reducir, así, el éxodo de los católicos hacia otras propuestas religiosas. b) Reforzar la identidad católica con procesos formativos. c) Propiciar un nuevo fervor espiritual y misionero en el continente. d) Revitalizar la fe de los creyentes para que arraigue más profundamente en sus corazones. En efecto, una fe sólo externa, prohibitiva y legalista, hecha de devociones y moralizante, no puede hacer frente al momento presente. e) Renovar la pastoral, orientándola más hacia la evangelización integral, o sea, más comprometida con la realidad concreta de nuestros pueblos, para cambiarla. f) Instruir más a los católicos, evangelizándolos y formándolos más. Darles cultura religiosa y espiritualidad.

Creo que es importante, con respecto a este nuevo documento, evitar actitudes negativas y comentarios estériles, que no sirven a nadie para avanzar por el camino de Dios. Tratemos de ser  positivos. Las reiteraciones presentes en el texto; las orientaciones excesivamente amonestadoras y abstractas; la complejidad del texto y la aparente falta de ilación lógica entre las partes; la eclesiología poco incluyente de los laicos y una cierta falta de sentido autocrítico por parte del episcopado no deben entorpecer la aceptación positiva del documento y la percepción de que Aparecida es, más que un documento, un acontecimiento eclesial; un evento del Espíritu y una renovada propuesta de conversión pastoral y misionera para todos.

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