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PÓRTICO 
Los que quieren borrar la cruz del mundo civilizado, fatalmente concluyen borrando al mundo, y a la civilización.
Por Jaime Septién Los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) resolvieron, hace un par de semanas, ratificar la resolución de las autoridades electorales del Estado de Michoacán y así anular la elección del pasado 11 de noviembre de 2007 en el Municipio de Yurécuaro. La razón de la anulación fue que el candidato del PRI, Martín Pérez Jaimes, triunfador de los comicios, utilizó símbolos religiosos durante su campaña y en su propaganda para acceder al puesto. Según la magistrado del TEPJF, María del Carmen Alanís Figueroa, ningún proceso electoral, federal, estatal o local, puede ser reconocido como válido si el contendiente que obtuvo la mayoría de votos “involucró elementos religiosos”. En el caso del candidato del PRI a la municipalidad de Yurécuaro, la sentencia, me parece, es razonable: Pérez Jaimes se excedió utilizando imágenes de la Virgen de Guadalupe y de San Judas Tadeo en su publicidad. Aunque, en la sentencia, también se nombra como causal de anulación el que Pérez Jaimes haya iniciado su campaña con una misa... Mucho me temo que este vaya a ser el camino que van a seguir los próximos comicios, tras la aprobación de la última reforma que perpetraron los señores legisladores al Código Federal de Organizaciones y Procesos Electorales (Cofipe), en el cual ponen como delincuentes peligrosos a los sacerdotes y como una comunidad con tendencias malsanas a los católicos. Porque, en efecto, ¿qué es utilizar símbolos o elementos religiosos? ¿Cuándo o dónde comienza la violación de la separación Iglesia-Estado en México? Si un candidato va a misa el domingo, con su familia, en tiempo de campaña, ¿está ultrajando el sacrosanto principio del laicismo? Si durante un mitin dice “gracias a Dios que nos cayó la lluvia”, ¿está invocando a un líder de una potencia extranjera? Si bautizó a sus hijos, ¿es un traidor a la patria? Con la consigna de borrar de la sociedad mexicana toda alusión religiosa se está cayendo en el extremo del furibundo anticristiano que comenzó por aborrecer la cruz y terminó por destruir su casa, en la que encontraba cruces en los pisos, los techos, las junturas de la madera, en el quicio de la puerta, en las ramas de los árboles. Los que quieren borrar la cruz del mundo civilizado, fatalmente concluyen borrando al mundo, y a la civilización. |