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Escrito por Walter Turnbull   
Domingo 06 de Enero 2008

COLUMNA ABIERTA

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Qué bueno que le deseemos felicidad al prójimo, pero pensar que el año va a ser mejor por arte de magia son sueños de opio.

Por Walter Turnbull

Una vez más volvemos a repetir, con sinceridad y optimismo, la misma consabida frase: “Feliz año nuevo”. Como si el año pudiera ser feliz, o como si el cambio de un número a otro en el calendario pudiera cambiar las cosas para que seamos más felices. Qué bueno que le deseemos felicidad al prójimo, pero pensar que el año va a ser mejor por arte de magia son sueños de opio. Lo único que puede hacer que un año sea mejor es que los hombres que lo viven sean mejores. El año, el giro de la tierra alrededor del sol, va a ser idéntico al anterior; los hombres, en cambio, sí podemos ser nuevos.

Puede ser nueva nuestra actitud ante la vida. Benedicto XVI acaba de darnos un maravilloso instructivo con su encíclica sobre la esperanza. Podemos tener una esperanza renovada para una vida más plena.

Puede ser nueva nuestra actitud hacia los demás. Una nueva disposición al respeto y a la tolerancia (siempre en ese orden, claro). Con la esposa, con el esposo, con el hijo, con la mamá, con la nuera, con el compañero de trabajo, con el compañero de escuela, con el vecino, con el que maneja junto a mí en la calle, con el subalterno, con el molesto, con el necesitado, con el no nacido.

Nueva actitud hacia el trabajo. Que el empresario vea sus habilidades como un don de Dios para servir a la sociedad y no para explotarla. Que el trabajador vea su trabajo como un don de Dios que hay que cuidar para mejorar el mundo.

Nueva actitud hacia la vida pública. Que los gobernantes no vean su puesto como un botín de guerra, sino como una oportunidad privilegiada de servicio. Que los gobernados aprendan a quejarse menos y a participar más; y que aprendan a distinguir un buen gobernante de uno malo y a apoyar al bueno y a reprimir al malo.

Que los dueños de los medios empiecen a trabajar por el bien, aunque eso implique sacrificios, y que los consumidores aprendan a promover lo bueno y desechar lo malo y, aunque eso implique renuncias.

Una renovación moral de la sociedad. Hace falta erradicar muchísima maldad. Lo mejor que podemos hacer los cristianos es dar el ejemplo y comenzar por la nuestra. Más participación en la Iglesia, más ayuda al prójimo necesitado, más penitencia, más formación, más vida sacramental, más oración, que es lo que puede detonar todas las demás novedades.

Mejor que feliz año nuevo, deberíamos decir Feliz Hombre Nuevo. Si podemos lograr eso, entonces sí, el nuevo año será mejor. Y podemos hacerlo todos los días.


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