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PORTADA Los pueblos de la Tierra están llamados a relacionarse entre sí como miembros de la única familia humana 
El mensaje para la Jornada Mundial de la Paz se titula «Familia humana, comunidad de paz».
Este primero de enero se celebra la Jornada Mundial por la Paz. El mensaje preparado por Benedicto XVI para esta ocasión lleva por título «Familia humana, comunidad de paz», y en él el Pontífice ha querido llevar a todas las personas a reflexionar acerca de la «primera educadora de la paz», es decir, la familia. El mensaje íntegro se puede leer mas adelante. Exponemos brevemente aquí el contenido del mensaje: 1. La única familia humana.- Los pueblos de la tierra están llamados a establecer entre sí relaciones de solidaridad y colaboración, como corresponde a los miembros de la única familia humana. 2. Educadora de la paz.- La familia natural, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, es el lugar primario de ‘humanización’ de la persona y de la sociedad,. En efecto, en una vida familiar «sana» se experimentan algunos elementos esenciales de la paz: la justicia y el amor entre hermanos y hermanas; la función de la autoridad manifestada por los padres; el servicio afectuoso a los miembros más débiles, porque son pequeños, ancianos o están enfermos; la ayuda mutua en las necesidades de la vida; la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo. Por eso, la familia es la primera e insustituible educadora de la paz. 3. El lenguaje de la paz.- El lenguaje familiar es un lenguaje de paz; a él es necesario recurrir siempre para no perder el uso del vocabulario de la paz. En el cúmulo de lenguajes, la sociedad no puede perder la referencia a esa «gramática» que todo niño aprende de los gestos y miradas de mamá y papá, antes incluso que de sus palabras. 4. Obstáculos a la paz.- Quien obstaculiza la institución familiar, aunque sea inconscientemente, hace que la paz de toda la comunidad, nacional e internacional, sea frágil, porque debilita lo que, de hecho, es la principal «agencia» de paz. Lo que, directa o indirectamente, dificulta la disponibilidad de la familia para la acogida responsable de una nueva vida; lo que se opone a su derecho de ser la primera responsable de la educación de los hijos, es un impedimento objetivo para el camino de la paz. 5. Necesidades de la familia.- La familia tiene necesidad de una casa, del trabajo y del debido reconocimiento de la actividad doméstica de los padres; de escuela para los hijos, de asistencia sanitaria básica para todos. Cuando la sociedad y la política no se esfuerzan en ayudar a la familia en estos campos, se privan de un recurso esencial para el servicio de la paz. 6. Consenso necesario.- Para prosperar, la comunidad familiar necesita el consenso generoso de todos sus miembros. Es preciso que esta toma de conciencia llegue a ser también una convicción compartida por cuantos están llamados a formar la común familia humana. No vivimos unos al lado de otros por casualidad; todos estamos recorriendo un mismo camino como hombres y, por tanto, como hermanos y hermanas. 7. Familia y medio ambiente.- La familia necesita una casa a su medida. Para la familia humana, esta casa es la Tierra, el ambiente que Dios Creador nos ha dado para que lo habitemos con creatividad y responsabilidad. El valor del ser humano está por encima de toda la creación. Respetar el medio ambiente no quiere decir que la naturaleza material o animal sea más importante que el hombre. Quiere decir más bien que no se la considera de manera egoísta, a plena disposición de los propios intereses, porque las generaciones futuras tienen también el derecho a obtener beneficio de la creación. 8. Fundamento en los valores.- Una condición esencial para la paz en cada familia es que se apoye sobre el sólido fundamento de valores espirituales y éticos compartidos. Pero se ha de añadir que se tiene una auténtica experiencia de paz en la familia cuando a nadie le falta lo necesario y el patrimonio familiar se administra correctamente con solidaridad, sin excesos ni despilfarro. 9. Una norma común.- Una familia vive en paz cuando todos sus miembros se ajustan a una norma común: esto es lo que impide el individualismo egoísta y lo que mantiene unidos a todos, favoreciendo su coexistencia armoniosa y la laboriosidad orgánica. Este criterio, de por sí obvio, vale también para las comunidades más amplias: desde las locales a las nacionales, e incluso a la comunidad internacional. 10. Por una paz verdadera y duradera.- Invito a todos a que tomen una conciencia más clara sobre la común pertenencia a la única familia humana y a comprometerse para que la convivencia refleje cada vez más esta convicción, de la cual depende una paz verdadera y duradera. Invito también a implorar a Dios, sin cesar, el gran don de la paz. |